Algo ha cambiado

Aunque no todo. Quilmes dejó una buena imagen desde el juego en su debut del 2018 pero la fortuna parece ser similar; en una distracción Agropecuario le empató

La expectativa respecto al cambio de cara o no de un equipo que fue apático durante la primer parte del torneo y que fue de mayor a menor en lo matemático, era mucha. Si bien para muchos el empate en la previa era una opción para nada despreciable, por como se dio el partido en la reanudación del certamen frente a Agropecuario, el sabor es con gusto a poco por lo realizado. Hubo un Quilmes protagonista en “rodeo ajeno” y eso es algo muy positivo para destacar puesto que además logró imponerse también en el marcador durante casi todo el encuentro. Sin embargo, una desconcentración propia más que una pericia ajena nuevamente condiciona la sumatoria. Cambió la imagen aunque no tanto tal vez la fortuna (aunque en realidad no parece ser una cuestión lúdica sino de concentración).
El inicio del partido ya había sido auspicioso; un Quilmes que llegaba por las bandas y lastimaba, sobre todo a partir del dinamismo de Román Strada y la insistencia de Illarregui, clarificado esto con la calidad de los pies de Caneo. Si bien la característica del local no es la de salir a atacar, hubo un claro embate de los dirigidos por Mario Sciacqua y eso hizo que se hiciera dueño del trámite. Con el correr de los minutos esto terminó decantando en situaciones de riesgo y fue de pelota quieta como llegó el primer golpe. Un tiro de esquina peinado en el primer palo que arrastró todas las marcas para que Miguel entrara por el segundo y sin necesidad de siquiera saltar, ponga el frentazo de cara al segundo palo descubierto por Assmann. Lejos de la presunción de un consecuente retraso en el campo, el cervecero mantuvo el ritmo y siguió justificando la diferencia durante todo el primer tiempo. Se fue al descanso como claro protagonista, con la ventaja y con un solo sobre salto importante que tuvo que ver con un remate de media distancia que se estrelló en la base del palo derecho de Tripodi, que no tuvo su mejor noche de todos modos.
En el segundo tiempo si bien bajó algo la intensidad, la temática inicialmente se mantuvo similar. Con sus herramientas el visitante buscó en un principio sostener el partido donde lo había llevado. Sin embargo, con el correr de los minutos ese amesetamiento de la intensidad y la obligación del local comenzaron a hacer mella en el protagonismo del cervecero. Las líneas se empezaron a juntar más cerca del “hombre elástico” y la tenencia del balón pasó a compartida para más tarde ser directamente cedida. Casi como algo predestinado a que necesariamente suceda cuando Quilmes está en ventaja, el último cuarto de hora de partido pasó a ser de preocupaciones, ya con una estructura algo cambiada. Es que Federico Alvarez, que había coqueteado con la expulsión, salió y generó un enroque con Braian Lluy y el ingreso de Juan Larrea que modificó la toma de las marcas más allá de las características. Más tarde saltó a la cancha Gabriel Ramírez (que tuvo un buen remate de media distancia) sorpresivamente por Torres, dejando a Caneo como punta y él parado en el lugar casi de enganche, delante de las contenciones. Nouet no ingresó bien en partido y con estas modificaciones lo que en principio era agresividad neta, tal vez más allá del cambio de fisonomía se terminó desordenando y dando lugar a desconcentraciones como la que se generó en otra pelo-ta quieta, sobre la hora, que dejó castigado por demás a un Quilmes que, en el balance, había merecido mucho más.
Algo ha cambiado y es importante; tiene que ver con la imagen, la actitud, el despliegue, hasta el rendimiento físico. En este capítulo sucedió algo habitual y que tiene que ver con la cosecha, justamente en terreno sojero, de puntos. Son pocos partidos y muchas urgencias, será importante que eso también se modifique.