Armar de nuevo

Se materializó en Rafaela el descenso más ridículo que pudo haber tenido Quilmes. En tres meses se fue a la B y puso en jaque el plan de recuperación institucional

(por Romásn Sledz) Utilizar la figura del “enfermo terminal” y su deceso final sería un lugar tan común como descriptivo. Es más, habría que agregarle el matiz de una de esas lamentables afecciones que en tres meses se llevan la vida de una persona, porque fue exactamente ese el tiempo transcurrido con este equipo y la primera división. Incansables son los párrafos dedicados al contexto institucional, la debacle previa y si se quiere la lógica consecuencia; sin embargo nadie debería sorprenderse u ofenderse al escuchar que había que hacer muy pero muy poco para poder mantener la categoría. Con una campaña mala este semestre, estaríamos hablando de un muy mal equipo que lo ayudó la matemática del torneo de Sava y la fortuna del primer tramo de la competencia, pero que mantendría la categoría y rompería con esa barrera histórica de años. Pero no; el Nacional B se materializó y con él la catarata de miedos que condicionan ya no solo la realidad deportiva sino el plan de recuperación del club.
El escenario fue lejos de la gente, casi como una mueca del destino para buscar mitigar un poco el dolor. En sentido contrario fue el desarrollo del partido donde Quilmes tuvo sus situaciones de riesgo claras más allá de que en el primer tiempo Rafaela también, con el agregado de que jugó gran parte del complemento con primero uno y luego dos futbolistas menos. Más de uno se quedará con esta imagen final y la pena de que “por poco” no ganó y seguiría en carrera, cuando simplemente se hubiese tratado de un alargamiento de la agonía. Es realmente icónico que este equipo no pudiera ganarle en una instancia tan definitoria a un rival ya descendido y con superioridad numérica: ratifica lo que se vio durante todo el torneo (no ya el semestre); la incapacidad y la ingenuidad de un plantel muy limitado que en su constitución mostró una letal mezcla entre el propósito inicial del armado para pagar una deuda a un particular y el posterior desconocimiento y la poca profundización en la elección.
La ineludible realidad arrasó consigo con la renovada esperanza del hincha del último tiempo, buena parte del capital político del oficialismo (existe un grueso porcentaje que no divide lo institucional de futbolístico) y parte de las garantías del plan para que la convocatoria de acreedores sea un proceso exitoso que no derive en la quiebra, amén de que para que ello suceda deberían darse cuestiones inéditas por encima de la ley de salvate de las sociedades civiles. Serán tiempos muy duros donde la restitución de la identidad deberá reforzarse desde lo social pero también desde lo futbolístico, generando un plan con sentido de pertenencia o con formación en la propia institución para poder pensar así en un largo plazo y no como por ejemplo se actuó con estos futbolistas, que ni siquiera van a terminar de disputar el torneo puesto que finalizarán sus vínculos y si saltan a la cancha se corre el riesgo de que se lesionen y extiendan un contrato que no se podrá afrontar en la segunda categoría. En este sentido ya se deslizan versiones sobre contacto con quienes tienen pasado en el club para rodear a un grupo de jóvenes (algunos no tan jóvenes) que serán el grueso de quienes vistan la camiseta del Decano del fútbol argentino.
Todo está tan fresco como latente pero la situación exige un cambio de timón en el manejo del fútbol; más allá de las malas decisiones previas de la anterior conducción (condimentadas fuertemente con dolo y mala intención) se acumularon encima de ellas nuevos errores en las elecciones, delegaciones de tareas y canonizaciones de criterios. Cada uno deberá hacer una mirada introspectiva para generar la autocrítica necesaria que derive en agradecer y despedir a aquellos que estuvieron dispuestos a trabajar pero que no están a a la altura de las circunstancias y rodear mejor a quienes desde la comisión llevan adelante la ardua tarea de decidir sobre los destinos del fútbol; habrá que armar de nuevo un Quilmes de primera división, cuando se termine de armar de nuevo una institución a la altura.