Campaña con la inseguridad

Por Christian Skrilec

Controlan el contenido de las redes sociales, hacen sondeos de opinión, focus group, encuestas, buscan denominadores comunes, pueden decir el color favorito de los vecinos de Adrogué o las tendencias eróticas de los berazategueses. No es el futuro, ni una narración distópica, es el presente y lo usa la política. Para el gobierno son más eficaces tres millennials samrtphone en mano que una docena de punteros caminando el barrio. A esta altura, es posible que tengan razón.
No obstante, la particularidad del caso, es que se vuelve ridículo que haga falta contratar especialistas para descubrir que la principal preocupación de los vecinos del conurbano bonaerense es la inseguridad. Te roban, te secuestran, te golpean o en el peor de los casos te matan. Pasa en pleno día, en las zonas céntricas, en medio de cámaras de seguridad, patrullas de control urbano, policía comunal, policía bonaerense, vigilancia privada y culatas personales. Ni que hablar en la periferia, donde la iluminación es deficiente o nula, los autos rompen las cubiertas en los baches, y al Estado le gusta estar ausente, más ausente.
Hay pelea contra las mafias, combate al narcotráfico, herencia maldita, ineficacia, y el rótulo cambia según el sector o partido que cuestione las políticas que se ejecutan, siempre a medias, sin convencimiento ni profundidad. Y después que la inseguridad te maltrató no hay donde recurrir, porque la justicia es lenta o inexistente.
El vecino se cansa, se reúne, arma un foro, un grupo: “Vecinos contra la inseguridad”, por ejemplo. Hablan con un subsecretario, un director, un comisario, un concejal, mandan patrulleros, siguen robando. Hablan con el Intendente, con un diputado, le envían una carta a la Gobernadora. Hacen un operativo, los robos cesan, por un rato. “La Provincia duele”… ponete hielo y tomate un desinflamatorio.
Y ahora resulta que esta realidad es cotidiana y permanente, y nosotros, los que trabajamos en algún medio, local o nacional, multimedio empresarial o emprendimiento personal, no hacemos más que poner el “hecho” en relieve cuando nos enteramos, cuando es insoslayable, y aparece en la tapa del diario cuando la tragedia es suficientemente conmovedora como para no apartar la vista de la foto. Homicidio, Femicidio, Odisea, Secuestro, Violación, todas son palabras para el título, si no, a la página cuarenta.
Tengo para mí que más allá de las estadísticas de la Policía Bonaerense, de la Corte Suprema o del Ministerio de Justicia, la inseguridad en el conurbano es una constante en ascenso, con picos de tensión cuando el hecho es lo suficientemente traumático como para llegar a ser noticia y transmitirse en cadena nacional por los canales de cable, pero una vez superado ese hecho, la curva de ascenso constante del delito no merma ni se detiene.
El delito muta, dicen los expertos. Hoy está en este barrio y mañana en el otro, no desaparece, el crimen se lleva a cabo en los lugares más aptos para cometerlos. “Empujalos del otro lado, que vayan a robar a otra parte, yo no quiero tener quilombo”, dicen los que mandan en los distritos.
En fin, los comunity manager y los analistas de la web descubrieron que la palabra que más se repite en las redes sociales del conurbano es inseguridad, y los eventos más compartidos son delictuales. A ello hay que agregarle las paranoicas cadenas de wassup, o los twitter tremendistas. Entonces la política sabe que la seguridad es un eje de campaña, porque siempre lo es y hoy es igual que siempre. Desde la “mano dura de Ruckauf”, hasta “el combate contra las mafias” de Vidal, pasando por “el plan” de De Narváez o que “los delincuentes vayan presos” de Massa, todo candidato bonaerense que se precie habla de combatir al delito.
Se hace campaña con la inseguridad, y en lo que va del siglo, esas campañas sólo sirvieron para cosechar votos mientras el problema crecía hasta transformarse en un rompecabezas insoluble. Ahora arranca otra campaña, y la inseguridad combatida desde el discurso y la publicidad, sigue a la cabeza de las preocupaciones, con la diferencia que ahora la indignación se publica en Facebook.

Gracias por leer.