Centro y periferia: al gobierno le falta barro

Por Christian Skrilec

Después de cada elección se renueva el debate. Electoralmente la periferia se comporta de una manera y el centro de otra. Obviamente, ese comportamiento tiene los matices de época. Quilmes es un distrito donde el contraste socioeconómico ha aumentado de manera exponencial, incluso superando el ritmo de creciente desigualdad que se vive en otros distritos del conurbano.
El ejemplo más virulento de esta desigualdad queda al desnudo cuando la zona más cotizada desde el punto de vista comercial e inmobiliario, la plaza Conesa y sus alrededores, está a apenas mil metros de uno de los lugares con mayores necesidades de la ciudad como el barrio El Monte. Aunque esa diferencia extrema no se repite en distancias tan cortas, existe en toda la extensión del distrito. Mientras en los últimos años los centros vivieron una expansión económica y de desarrollo que concentra a la población de mayor poder adquisitivo, la periferia no pudo compensarse nunca ni tener un desarrollo sostenido.
Para entenderlo sólo hace falta anotar que las escasas urbanizaciones sociales que se hicieron entre el 2005 y el 2015, no alcanzan a cubrir las necesidades de las miles de familias que se asentaron ilegalmente en los pocos terrenos que van quedando libres. En los ocho años de gestión Gutiérrez sólo se concluyeron 1200 viviendas sociales. Por cada una de esas viviendas sociales que no alcanzaron para cubrir el escandaloso déficit habitacional de los sectores más vulnerables, se edificaron al menos una docena de unidades habitacionales cuyo valor mínimo de mercado supera los 120 mil dólares.
Esta descripción nos mete de lleno en la política, porque uno de los argumentos que usaba el ex Intendente Gutiérrez para explicar su deficitaria gestión en los centros, era que trabajaba de “la periferia hacia el centro”. Salvo excepciones esto no sucedió, y mientras se hablaba de igualar y equilibrar el distrito, se creaban las condiciones para que ocurriera todo lo contrario.
La primera señal de esa política ineficiente se notó en el 2011, cuando un candidato de su mismo signo como Daniel Gurzi le arrebató buena parte de los votos de la periferia; y se confirmó en el 2015 cuando Martiniano Molina hizo una elección impactante en barrios olvidados del distrito. En estos días, lo que dejan claro las PASO del 2017, es que la gestión actual todavía no llegó a los vecnos de la periferia.
Al gobierno le falta barro. A su lista de candidatos le falta barro. A la gestión le falta barro. Quizás sea un mal inherente a CAMBIEMOS aunque la gobernadora Vidal se esfuerce en combatirlo desde el discurso. Si bien en lo local las obras de infraestructura viales en avenidas como Mosconi, Calchaquí, y Camino Gral. Belgrano van a mejorar naturalmente la vida cotidiana de vecinos de muchos barrios, son acciones que no tienen un impacto directo.
Los operativos de impronta nacional como “El Estado en tu barrio”, o su versión local de “El Municipio cerca tuyo”, tienen un espíritu burocrático que no reporta ni familiaridad ni cotidianeidad. Tampoco logran esa empatía los operativos de salud, algo que el Municipio sigue manteniendo y le permite desembarcar en zonas adversas y desbordadas de reclamos. El operativo sanitario en La Paz el día posterior a la elección después de una derrota lapidaria del oficialismo en ese barrio lo demuestra.
La periferia se siente lejos del gobierno y se lo hizo sentir en las urnas. Es cierto que para acercarse, el gobierno debe superar las barreras que le imponen una política económica que afecta duramente a los más desprotegidos, pero lo que debe superar también es su actitud, y meterse en los barrios. Crear ámbitos de participación y escuchar a los vecinos es elemental. Áreas como deportes y cultura, que se desactivaron o limitaron, son escenarios propicios para la participación de funcionarios. La interrelación con la problemática de seguridad es una puerta de fácil acceso, más cuando las encuestas locales exhiben que el vecino cree que el municipio no se ocupa del tema.
El lema “Con Vos” me gusta, pero hay que ponerlo en práctica en la periferia y los resultados serán sorprendentes, y eso sólo se logra pisando el barro.

Gracias por leer.