Cuando pase el temblor

por Román Sledz

El partido que está jugando afuera de la cancha Quilmes lo tuvo a maltraer. En esa analogía, estuvo contra su arco recibiendo centros de todos lados al grito del “100% y ahora”, mientras que los contra ataques del 70% no lastimaban al arquero rival, con buzo de la AFA. El proceso concursal lo encuentra al cervecero muy comprometido con su deuda con la casa mayor del fútbol argentino con la cual debe acordar una forma de pago para no caer en la ley de salvataje. Tras varios idas y vueltas pareciera estar todo encaminado, pero en el medio ha sucedido de todo (incluida una marcha de los hinchas a Viamonte y Uruguay) y justamente como si se tratase de un encuentro, hasta que la pelota no cruce la línea, no se festeja el gol.
La última reunión de comisión directiva pareció bien distinta a las dos anteriores, donde la expectativa por un acuerdo parecía bien lejana y la sensación de tener encima a la ley de salvataje (y una eventual quiebra) se hacía presente. La pregunta lógica sería ¿cuál es la diferencia entre una y otras si en ninguno de los casos se selló el plan de pago formalmente? Básicamente las charlas informales donde, con esta decisión, se ter-mina optando por el requisitorio de la AFA: pagar la totalidad de la deuda. Lo que en un principio parecía ser un “tira y afloje” entre pedido de quita y pago de la totalidad, nunca lo fue puesto que la postura oficial bajo ningún concepto se iba a modificar. El principal temor pasa por sentar un precedente que de argumentos a equipos en similares situaciones a que pidan iguales condiciones; casi como una cuestión de imagen. Sin embargo, el principal “triunfo” si se puede destacar como tal reside en los tres años de gracia que estaría acordando Quilmes para empezar a cancelar la totalidad de la deuda, lo que le permitirá manejar con otro holgura los pagos a los acreedores quirografarios. Las obligaciones que comienzan a vencer en principios del próximo año no son menores: treinta y siete millones de pesos a futbolistas argentinos agremiados hacen difícil cualquier cuenta, por ello era fundamental lograr esto.
Dentro del mundo Quilmes esto está visto de dos formas antagónicas: aquellos más optimistas que sabían de la dificultad de un acuerdo de estas características y que ven en esta instancia, en caso de superarla, el desahogo más importante en el proceso concursal, y los que entienden que en la práctica no se logró absolutamente nada más que posponer la obligación, la cual comenzará a recaer sobre otra comisión directiva (más allá de los colores, por una cuestión de tiempo de mando) levantando además suspicacias al respecto. La postura más centrada pareciera ser la de “falta de opción” ante el acorralamiento del concurso, el tiempo y la postura de “Chiqui” Tapia y los suyos. Lo que pareció iniciarse como un juego político es ahora una determinación o lineamiento en un ambiente más amigable.
En el medio de todo esto se llevó adelante la asamblea de socios donde naturalmente la presentación previa del presidente versó sobre el tema concurso y demás cuestiones de coyuntura. Diferenciada de las de otros años, donde había un número de asistencia importante de espectadores, vallas y policías, todo transcurrió con normalidad y poco movimiento. Sin embargo hubo espacio para cuestionamientos, chicanas y observaciones concentradas en la figura del único voto en contra del presupuesto: César Cantero. Si bien no pasó a mayores (incluso tras una exposición terminó votando a favor en el caso del aumento de la cuota socia ya vigente), se sentó postura en el contexto de una reunión que tenía mucho carácter de administrativo más que de decisión.
Todo pasará a ordenarse (o no) cuando esta semana la Asociación del Fútbol Argentino trate la propuesta en reunión de comité ejecutivo. Casi como una mueca al suspenso, la semana anterior no llegó a ingresar al orden del día con lo cual la duda se mantiene en vilo hasta aquí. De to-dos modos habrá que entender que en caso de aprobarse las obligaciones y dificultades recién comienzan a partir de allí, esperando que siga habiendo club “cuando pase el temblor”.