Desde el Pozo hasta el Pozo

Por Christian Skrilec

Pasó más de un año de la gafe (distracción, error de interpretación o como quieran calificarlo) de Martiniano Molina, esa pifia, contestando sobre el futuro del bacheo de las calles frente a la pregunta del Pozo de Quilmes, recorrió medios, redes, y fue chiste de ocasión para malintencionados.

Nadie aquí justificará el error, ni tampoco dedicaré líneas a interpretarlo, el bache se tapó, y el Pozo de Quilmes, centro de tortura, detención y horror, en estos días inició su transformación en un espacio para la memoria. Dicho sea de paso, memoria que hoy muchos quieren afectar a fuerza de argumentos que uno ingenuamente pensaba se habían desvanecido con treinta años de democracia.

Lo cierto es que la semana pasada se llevo a cabo el acto dando por inaugurado el espacio de la memo-ria en el ex Pozo, en la todavía dependencia policial de Allison Bell y Garibaldi (para los distraídos), desnudando los interminables errores de nuestra política vernácula.

Decir que no tendríamos espacio de la memoria si Martiniano no se hubiera equivocado es una ucronía posible pero injusta, negar que el empuje de la diputada provincial Evangelina Ramírez en la legislatura bonaerense durante el último año fue clave para que el hecho se consumara es de necio. Pero también es de tontos no aceptar que no hicimos lo correcto durante más de un década.

Quilmes tuvo doce años de gobiernos “kirchneristas” movilizados por la reivindicación de los derechos humanos, en ese lapso también tuvimos a quilmeños en puestos claves de la administración publica nacional y provincial, poder territorial, poder político, y poder económico. Pero como hemos ensayado en artículos anteriores, ese poder no redundó en demasiados beneficios para la ciudad, como tampoco fue capaz de transformar una comisaría en un lugar para el recuerdo y la cultura.

Dicen que mientras uno quería el otro no podía y el que podía no quería, y que las internas y las pujas, y viste como es el peronismo… los señalizaron, hicieron actos, reivindicaron la lucha, pero en sitio por la memoria se transformó con un gobierno para el que los derechos humanos no está entre los principales puntos de su agenda. Y si eso tampoco genera autocrítica, es hora de hacerse análisis.

Durante días argumenté que el Intendente Molina debía participar del acto, que era una forma de ter-minar de enmendar el error, y de posicionarse frente a las demandas como aquello en lo que inevitablemente se está convirtiendo: un político. Pero más tarde debí reconocer que todavía carecemos de la elegancia de la educación. El cantito fulbero de “el pozo no es un bache” me pareció lícito y gracioso. Burlarse e insultar a José Estevao, subsecretario de Derechos Humanos del Municipio, víctima real de la dictadura (y cuando digo víctima es que le metieron picana y tiene una hermana desaparecida), habla de nuestra negligencia para interpretar la política y la historia. Me gusta mucho el discurso directo, son unos boludos, pidan disculpas a quien corresponda.

Por otra parte, respecto al Intendente, no la pasó bien cuando tuvo su primer encuentro con el “pozo”, y no caben dudas que ese incidente los condicionó mediáticamente, tanto es así que le cuesta mucho dar entrevistas que no estén estrictamente acordadas, sea quien sea su interlocutor, desde un consagrado periodista nacional a una pasante de un medio distrital, cualquier pregunta fuera de libreto lo pone tenso. Pero eso no reviste gravedad, porque uno a cruzado con los años a políticos avezados que no pueden evitar la incomodidad ante el micrófono a pesar de la experiencia. Lo preocupante es que aquel incidente reforzó a los cultores del aislamiento, que pululan en toda gestión de gobierno.

Ese retraimiento siempre es perjudicial y siempre queda evidenciado en forma virulenta cuando choca contra la realidad cotidiana. No obstante Martiniano demostró que puede moverse de otra manera, y lo hizo hace pocos días cuando debatió con docentes y militantes opositores en la vía pública en medio del conflicto docente. Sería bueno que los aislacionistas se dieran cuenta de esa virtud y la exploten, en vez de evidenciar un supuesto defecto.

Gracias por leer.