El fantasma que persigue al QAC

La consecutividad de derrotas puso a Quilmes en un lugar doloroso, la zona de descenso a
B Metropolitana ¿es una exageración o una posibilidad latente?

 

El hincha de Quilmes no gana para disgustos. El fantasma del descenso lo ha perseguido toda la vida y más allá de ser el equipo que más veces lo ha experimentado, la costumbre siempre fue entre primera y segunda división (más allá de conocer la tercer categoría también). Sin embargo, el pánico al mirar de reojo nuevamente la tabla de promedios donde debería ser protagonista en la cima y no en el fondo, llena de preguntas un momento que ya de por sí es una gran incógnita que incluye cambio de entrenador, racha deportiva negativa, fragilidad institucional y dificultades económicas y financieras ¿Se puede ir Quilmes a la B Metropolitana? La respuesta, sin dudas es si ¿Es probable? Allí la respuesta es bastante más compleja.
Es muy difícil manejarse en el umbral entre el derrotismo y la realidad cuando tomando la tabla se ve a un grande como el decano del fútbol argentino en esos lugares. Lo primero sobre lo que hay que hablar es de las características del torneo; la línea entre ingresar en el reducido que arroja como premio un ascenso a primera división y la zona de las seis plazas de descenso directo a la tercer categoría es muy pero muy fina, más aún para un equipo que “no divide”, como se suele decir, producto de haber retornado en esta temporada. La racha negativa de resultados depositó mediante la matemática allí al cervecero y en el combo con la carencia en el juego comienza a hacer cuestionar más severamente cuán real es esa chance. Lo primero que hay que tener en cuenta es la característica del torneo; ecléctico, corto, con mucho por perder y mucho por ganar y con una diminuta franja media que separa la gloria del fracaso. En ese contexto hace que la diferencia de puntos con los líderes sea tan sólo de siete unidades, que puesto en el contexto de una paridad marcada en la chatura del juego, termina siendo menos de lo normal ya que ningún conjunto detenta un ritmo galopante que asuste al resto. El problema, claro está, es que no se puede hablar del resto cuando es uno el que no gana, y eso le pasa a Quilmes.
Luego de vistas estas cuestiones matemáticas y de estructura del certamen, si hay que centrarse en la situación puntual del Decano del fútbol argentino. Lo cierto y concreto es que nunca apareció el juego, que aún así en un principio acompañaban los números y eso sacaba de foco lo importante y que tras la profundización en la crisis en las producciones es que ahora se ve subsumido en este pánico atroz de pensar en la B Metro. Sin embargo siendo más racional vale poner en la balanza la materia prima de la que dispone; es decir, aún no habiendo demostrado lo que tenían que demostrar, existe en el plantel un nivel de futbolistas que a priori sigue estando por encima del de muchos conjuntos que hoy por hoy se paran por encima en la tabla de posiciones. Independientemente de que hasta aquí no hayan aparecido en su mayoría, esto hace pensar que recuperando algunas cuestiones físicas (como es el caso de Strada por ejemplo, el mismo Caneo a pesar de haber sido importante y otros más) se podrá disponer de superioridad deportiva en un contexto de pobreza de jerarquía. Sin embargo este será el desafío más grande del cuerpo técnico entrante; sacarle jugo a lo que hasta aquí ha sido algo más cerca-no a una piedra. Desde las dificultades relaciones y la incapacidad de la transmisión efectiva de una idea en teoría positiva, Nardi no lo logró y no solo le costó irse por la puerta trasera sino también que hoy por hoy QAC se encuentre en zona de descenso directo.
En definitiva parece ser posible la catástrofe de un nuevo descenso pe-ro no así posible haciendo mínimamente las cosas bien, de forma ordenada y obteniendo más de los protagonistas que ya sea por dificultades puntuales o rendimientos magros, no han aportado lo que se esperaba. Hay que poder decirle ¡basta! al fantasma del descenso, que siempre persigue.