El QAC tuvo el primer fusible

Renunció el vicepresidente segundo Julio García y en el marco de la profundización
de la crisis deportiva e institucional. Se acumulan las versiones respecto al futuro

Quizás una de las personas más influyentes en las decisiones institucionales (y deportivas también) en el último tiempo del Quilmes Atlético Club, junto a Fabián López encolumnados con Marcelo Calello, ha dado un paso al costado, lo que necesariamente constituye un síntoma. Con unos días de demora se supo que la semana pasada Julio García, vicepresidente segundo de la institución, presentó su renuncia indeclinable al cargo a sus pares de comisión directiva. Desgaste, cansancio, presión, son denominadores comunes en el día a día de dirigentes que tienen que comandar los destinos del club en su punto más dramático de la historia a nivel institucional, atravesando una convocatoria de acreedores que todavía tiene un final incierto, y un cúmulo de reveses deportivos que apuntan directamente ya no solo a futbolistas y el desfile de técnicos, sino al manager y por supuesto, a quienes han tomado las decisiones de esas contrataciones. Es difícil no hablar de los resultados deportivos cuando todo se da en el marco de un Quilmes que hoy está en zona de descenso a B Metropolitana, más allá de que esto se haya suscitado con anterioridad al último encuentro.
Así como las grandes decisiones y acciones contables en torno al pro-ceso de convocatoria de acreedores han pasado hasta aquí por Fabián López, se puede decir que las legales y fundamentalmente las deportivas lo han hecho por Julio García. Esto no significa que sea necesariamente responsable del momento, por el contrario, es innegable su buena intención y experiencia. Sin embargo hay que decir que el 2017 pelea fuerte-mente como uno de los años más negros en materia futbolística para Quilmes al menos de los últimos tiempos. Es muy difícil pensar en un equipo que pueda medianamente sortear los apremios de los promedios cuando en 365 días gana tan solo cuatro encuentros (tres de ellos ya en la segunda categoría). Un conjunto que el último fin de semana dispuso de una lista de concentrados de diecinueve futbolistas entre los cuales no había un solo gol en el campeonato, difícilmente pueda aspirar a revertir rápidamente una imagen tan negativa y una estadística tan con-tundente. En algún momento hablamos del “huracán Nardi” y todo lo que significó semejante desplante a la institución, los dirigentes que confiaron en él y sus propios futbolistas (“sus” porque fueron seleccionados por él). Sin embargo el proceso que pone en jaque a los grandes decisores del fútbol de Quilmes viene hace un tiempo largo, por supuesto, contemplando los desaguisados de la gestión anterior. A pesar de esto ya es tiempo de hablar de los desaciertos en las decisiones de la actual comisión en el último tiempo, cuestión que hace precipitar una crisis política.
Es difícil pensar que la renuncia de Julio García sea un estado de ánimo individual y aislado. Lo que en un principio fue una alianza fuerte para desterrar a los Meiszner y la agrupación Azul y Blanca del club, con el tiempo se fue erosionando de forma directamente proporcional a cómo lo fueron haciendo las relaciones entre las agrupaciones; más aún en algunos casos, dentro de las mismas. Los problemas traen problemas y el enormemente desafiante día a día del club generó esto que se fue traduciendo en tensiones entre un grupo más reducido que tomó muchas decisiones y aquellos que en un inicio cedieron esa función y ahora la reclaman ante los magros resultados. Las crisis hacen aflorar las mezquindades, en este caso políticas, y así es como las presiones internas hacen saltar fusibles.
“A rìo revuelto ganancia de pescadores” reza la vieja frase y en este caso aplica para quienes quieren reestructurar los esquemas internos de decisión, los que quieren participar y hoy están viendo desde afuera y aquellos que simplemente tienen intenciones destructivas y no constructivas. Quilmes siempre tiene un capítulo más; saltó el primer fusible, con el tiempo veremos si el único; difícil pensar que así sea.