Fútbol: Fastidio generalizado

por Roman Sledz

El paro del fútbol afecta a los jugadores también en el estado de ánimo, jugando amistosos eternos que ponen en riesgo sus físicos como el empate en cero contra Temperley

Ya instalado hace tiempo como un tema nacional, a la par de otras negociaciones gremiales como las paritarias docentes, el paro del fútbol está afectando varias cuestiones que ya van más allá de la necesidad del espectador por ver rodar el balón. Tal como le sucede a todos los planteles de primera división (en especial aquellos que no están disputando copas internacionales), el plantel de Quilmes sufre la situación de paro por la cual no hay competencia. Si bien son ellos mismos (como parte de un gremio) son los que toman la medida, el motivo es loable puesto la difícil situación respecto a los pagos que viven la mayoría de los clubes. En este contexto se juegan partidos destinados a no perder el ritmo y estar preparados para cuando se resuelva el conflicto; sin embargo, con el correr del tiempo se fue alterando el clima de estos encuentros (en su mayoría a puertas cerradas) haciendo que durante los mismos termine habiendo pequeños focos de pelea o algo de “pierna fuerte” que propicia el mal clima. Adicionalmente a esto también el juego entra en un bache que al menos hace cuestionar la productividad de estas jornadas. El fin de semana en Temperley se vieron ochenta minutos para el olvido (aunque similares a los de campeonato) con un trámite “picado”, cosa que ya había sucedido en cotejos anteriores.
Los vaivenes de toda la semana, pero intensificados el día jueves y viernes cuando no se sabía si esa misma jornada habría fútbol o no, pu-sieron en relieve una situación a esta altura tragicómica. Quilmes ya tenía una postura tomada por parte de sus futbolistas y que tenía que ver con acatar la decisión del gremio que los aglutina de que los profesionales no disputaran los encuentros. Adicionalmente rondabala “posibilidad” de hacerlo con juveniles; sobre esto se conoció la firme postura de la dirigencia de no hacerlo, entendiéndolo como una falta de solidaridad con los planteles: “si no me pagan no les puedo pagar”, expresó el vicepresidente Julio García en redes sociales, quien además ironizó “si me obligan les pongo a la novena”. En este contexto de incertidumbre, la obligación de la planificación, actividad casi imposible por la coyuntura, recae en lo deportivo en Alfredo Grelak. Estando a la altura (es una de sus cualidades fuertes) ya tenía apalabrado este encuentro frente a Temperley, donde por lógica podría seguir ejercitando lo trabajado en la semana. Sin embargo se palpó en los propios protagonistas un leve cuestionamiento del mismo y quedó visible luego el fastidio, común denominador a estar altura del ambiente del fútbol.
De no mediar ninguna rareza (de esas que tanto abundan en este momento) el fin de semana tiene que haber fútbol y comenzará a rodar la pelota. Lejos estarán las dificultades de resolverse de forma definitiva pero sí de encaminar a un sendero de normalización que, curiosamente, no logró desandar la “comisión normalizadora”, ahora más entreverada que nunca en mezquindades políticas de cara a unas elecciones en las cuales la institución más antigua del fútbol argentino, Quilmes, no tendrá voz ni voto.