La construcción de la derrota

Por Christian Skrilec

 

Hay dos maneras de construir una derrota. La primera de ellas es cuando se intenta construir una victoria pero los errores en la construcción terminan llevándonos al fracaso. La otra es construir la derrota adrede. Durante mucho tiempo tuve la sensación que en el 2015 el “kirchnerismo”, más específicamente Cristina, había cimentado una derrota electoral de manera intencionada. Hoy, de cara a las elecciones del 2017, mi sensación es que la indiscutible líder opositora vuelve a sentar las bases de una derrota aunque esta vez muy a pesar suyo.
Es importante aclarar que escribo esta nota 24 horas antes que la ex mandataria se presente en el estadio de Arsenal de Sarandí, en el distrito de Avellaneda, donde empezarán a vislumbrarse inequívocamente los lineamientos y estrategias electorales de este nuevo espacio denominado Unidad Ciudadana.
La ex presidente puede ser muchas cosas según quien la califique, pe-ro no es ingenua, y mucho menos ingenua políticamente hablando. No quiero extenderme en un recorrido tedioso por la historia política reciente, simplemente recordar algunos puntos clave del 2015 para sostener mi hipótesis de que “jugaron a perder”, a saber: Más allá de sus limitadas dotes como gobernador y candidato, Daniel Scioli fue una víctima de “bulling kirchnerista” durante siete años, y hasta en algún momento estuvo a punto de recibir un golpe institucional. La genuflexión y sometimiento de Scioli son objeto de estudio del sicoanálisis. El armado de las listas fue un impacto para la buena fe del votante. Los candidatos que rodearon a Scioli tenían una imagen negativa muy superior a la positiva sea como fuera la encuesta. Por una causa u otra los militantes estaban disconformes, y nadie se movió hasta que la derrota estaba a la vuelta de la esquina. Y estas son sólo algunas de las aristas que configuraron la elección que tuvo a Scioli como protagonista.
Pero lo más importante, y lo que no hay que olvidar, es que la primera impulsora de la candidatura de Mauricio Macri a la presidencia fue Cristina: lo eligió como enemigo, como antagonista de sus políticas. No hay Macri sin Cristina. Estrategia paradojal que le permite a Cristina ser ahora la máxima referente opositora, hoy no hay Cristina sin Macri. Para Cristina, Macri siempre fue su garantía de retorno. Lo que nunca imagino, es que para Macri, Cristina es la garantía de continuidad.
La ruptura con el PJ, la creación de la denominada “minoría intensa”, la pelea con Florencio Randazzo, y todos los condimentos que todavía son pasibles de modificación (mientras escribo se llevan a cabo reuniones en busca de la unidad), sólo llevan a pensar que se está construyendo otra derrota, pero esta vez, al contrario del 2015, no es una derrota buscada. Si Cristina es candidata, la derrota no está entre sus posibilidades.
Pero lo que no puede o no quiere ver la oposición peronista en cualquiera de sus formas, es que están construyendo el escenario soñado por Macri, que siguiendo los consejos más elementales del manual de la política logró la división del enemigo. Cualquier operador del oficialismo admitirá en riguroso off que ya ganaron: “Si ganamos en esta se nos facilita la gobernabilidad y el peronismo implosiona. Si gana Cristina se nos complica durante un año pero se nos abre el 2019”.
Por otra parte está claro que nada aporta tanto a la construcción de la derrota como la soberbia y el egoísmo. Escuchamos a toda la oposición peronista descalificar a Macri de todas las maneras posibles, y afirmar sin dudarlo que su gobierno perjudica al pueblo. No obstante, no son capaces de resignar sus ambiciones para salvar a ese pueblo que supuestamente Macri castiga y condena.
Obviamente, lo que describo es el momento de la película, un punto en el desarrollo de esta historia que aún está lejos de definirse, y la discusión política vuelve a tomar vuelo no sólo por la temporada electoral, sino también porque como se viene planteando desde una pluralidad preocupante de voces, la cosa no está bien, y como ya hemos di-cho, hasta hoy, las políticas del gobierno no benefician a las mayorías.
Gracias por leer.