La verdad bajo el agua

(Por Christian Skrilec)

La buena fe, el buen criterio y la objetividad, son valores que se esfuman durante las campañas electorales. Hay un punto donde todo vale, y todo escenario se vuelve propicio para el ataque opositor y cualquier argumento sirve para la defensa oficialista. El acontecimiento climático del fin de semana pasado desnudó esta realidad con el primer anegamiento.  La ciudad se inunda, y las precipitaciones no fueron tan profusas como algunos funcionarios se animaron a insinuar. Hay situaciones de desidia e indiferencia preexistentes y responsabilidades actuales. La intención es exponerlas con acierto.

Las redes sociales, ese método de comunicación que el gobierno comunal pondera hasta la excitación, fue un bumerang que les pegó en la frente durante el fin de semana. Cada foto de una calle sepultada bajo el agua, de desagües tapados o de basura acumulada, descerrajaba críticas hacia el Intendente  Molina. Los medios nacionales que transmitieron en vivo durante incontables horas la llegada del huracán Irma a Miami, descubrieron tardíamente que la provincia de Buenos Aires está siendo golpeada por las inundaciones desde  hace meses, y que una tormenta intensa provocó más destrozos en el conurbano que el huracán en Ocean Drive. Quilmes quedó bajo una lupa que en vez de mejorar la visión del objeto, lo deforma.

Así apareció Luis D’Elía haciendo gala de su recurrente ignorancia, para publicar en las redes una foto que denunciaba el anegamiento de un paso bajo vías recién inaugurado por el Intendente, cuando en realidad la imagen corresponde al bajo vías que se está construyendo en Ezpeleta. A la misma comparsa se sumaron dirigentes del distrito denunciando el abandonó en la periferia, cuando sabido es que corren riesgo de perderse si salen de los centros sin compañía de un GPS. Lamentablemente, en este marco de ataques absurdos, el gobierno salió a defenderse de los cuestionamientos recordando la inacción en la obra pública de los últimos años, pero omitiendo cualquier tipo de autocrítica.

En el medio están los vecinos, sobre todo aquellos que  sufren la tormenta con agua dentro sus casas, sin luz, perdiendo bienes elementales, y exponiéndose a desgracias peores. Hace años que faltan obras pluviales, canalización y demás recursos de infraestructura para combatir la acumulación de agua, sea por efecto del viento o las lluvias. La última gran oportunidad perdida de obras en los arroyos fue de la gestión Gutiérrez, que se dilapidó en un debate imbécil entre la canalización o el entubamiento del arroyo, dejando que un jugoso crédito del BID se fuera a los caños. Esta es la parte del discurso donde la gestión actual tiene razón y se ajusta a la verdad, no se han hecho obras de infraestructura de importancia para combatir las inundaciones desde la instalación de las compuertas en la ribera de Quilmes a fines del siglo pasado.

Donde el gobierno se equivoca, es en su accionar de coyuntura. Así como acierta en la obra pública, desacierta en el servicio. Hace un año interrumpió la limpieza diaria de los arroyos que llevaban adelante las cooperativas por un conflicto con COLCIC (la principal de ellas), y la gestión se durmió a la hora de reemplazarla. Los mega operativos quincenales o mensuales de limpieza acaban de desnudar su ineficacia el fin de semana.

También quedó claro que más allá de lo que figure en los papeles, la limpieza de sumideros y desagües es como mínimo insuficiente. El zanjeo, tarea clave en la periferia, carece de ritmo o es nulo según las zonas. Y obviamente, la limpieza, la recolección de residuos y el barrido, que son acciones cotidianas y claves para evitar el bloqueo y permitir el escurrimiento del agua ante un diluvio, siguen apareciendo como un problema de gestión insoluble para el municipio. A ello se le suman ciertas críticas sobre los sistemas de desagües de las obras de repavimentación de las avenidas Calchaquí y Camino General Belgrano, aunque en este punto no estoy en condiciones de dar certidumbre.

En este marco es donde hay que buscar la razón del problema, entre la inacción y la desidia del pasado y las ineficiencias del presente. Recordando que después de una tormenta, y con los pies en el agua, quedan cientos de vecinos.

Gracias por leer.