LAS REDES VS EL DIARIO

Nos estamos quedando sin papel. Ya sea para el asado del domingo o para que los verduleros hagan los típicos envoltorios de los huevos.
Hasta el otro día lleve el auto a lavar y se pasaron de agua en el inte-rior. Cuando me dijeron que le iban a poner papel entre la alfombra y la goma del piso vi como desenrollaban un típico papel de cocina.
Que parte nos perdimos? Donde fue el diario sucumbió y dio paso a la maravilla de la telefonía celular y con ella las redes sociales que además de acercar, disminuir la soledad de algunos, también genera malos en-tendidos, que perdamos la capacidad de hablar y por sobre todas las cosas que perdamos el interese de estar informados.
El diario. Sigo recordando las mañana que alguno de los pibes de Barrio Parque con suma puntería hacían golpear el diario enrollado en la puerta de mi casa. Ese ruido daba muchas certezas. La principal era la hora que era. Y la segunda que era momento de levantarse para llegar primero a buscarlo.
El desayuno en la mesa con el diario desplegado que cubría una gran parte de la misma. Los chusmas que se iban levantando y se asomaban o me lo despellejaban llevándose las partes que les interesaban a cada uno.
Hoy la gran mayoría se despierta con un rington. Consultan el clima para saber que ponerme. Leen el twitter a fin de saber que están ha-blando y el Facebook para ver que dijeron de sus actividades; y ni ha-blar del Instagram que los desnuda ante la sociedad que nos rodea.
Hoy las redes han ganado una batalla cultural. Las nuevas generaciones no saben cómo leer un diario. No los buscan en las paradas. Es más, casi ya no existen las paradas.
Fue toda una innovación cuando el diario de mi barrio -este en el que escribo ahora- saco sus páginas a todo color. Una alegría enorme ver ese hermoso SOL resplandecer a la altura de los clarines o naciones.
Algunos cambios son importantes, algunos otros hasta necesarios, pero no me digan si estos últimos nos han demostrado que no son lo mejor para la cultura del futuro.
Felicito a todos aquellos que siguen poniendo el esfuerzo de hacer día a día una página para leer y saber de nuestra ciudad y del mundo. Yo sigo leyendo y desde ahí escribiendo para que todos lean.
Yo sigo creyendo que el diario es una iniciación a otras miles actividades que los chicos deberían desarrollar. Leer un diario no es leer las redes. Leer un diario es saber dónde estamos parados. Y si no nos comprometemos a que pueda continuar entonces, quizás, las nuevas generaciones se informen solo sobre una realidad virtual.
Mi saludo fraternal. Walter.

Por Walter Di Giuseppe
Abogado. Miembro Fundador de IQ (Identidad Quilmeña)