Observaciones de una victoria ajustada

(Por Christian Skrilec)

La música, el baile, los brindis, parecerían un exceso sino se tiene en cuenta el contexto de la victoria. Perdieron en agosto, es cierto que su candidato fue el que más votos cosechó pero la lista de Unidad Ciudadana se impuso en todas las categorías a elegir. Arrancaron abajo, en la comarca de Cristina, y durante el domingo no hubo señales claras del triunfo hasta que estuvieron cargadas más del 80 por ciento de las mesas en el escrutinio provisorio. Un gol sobre la hora. El alivio. El festejo.

Transcurridas las horas de la euforia, el gobierno que encabeza Martiniano Molina debe poner todas las pesas en la balanza y ajustar la báscula. La autosuficiencia y soberbia de muchos funcionarios y candidatos no terminó en el cesto de residuos por apenas tres mil votos. En agosto muchos descubrieron que las cosas no eran como ellos creían, y hubo que remar, o como comentó unos de los actores que tomó mucho más protagonismo de cara octubre, “hubo que pelarse el culo para conseguir los votos”. La lista de Cambiemos en Quilmes sumó 24 mil votos entre una elección y otra.

Molina ya sabe que hay mucha gente que lo acepta, o lo quiere, o lo respeta, o le pide una selfi, pero no está dispuesta a votarlo. Sus índices de popularidad son claramente superiores a los números fríos de la elección, lo que no quita que con el antecedente del 2015 y el del domingo pasado, encabezando o apadrinando una lista, sea en promedio el tipo más votado de la historia de la ciudad.

También sabe que no sólo enfrenta una oposición que estuvo a punto de arrebatarle la tranquilidad de los próximos dos años, sino también una importante resistencia dentro de sectores oficialistas, tanto en Quilmes como en la Provincia. Mientras el propio Esteban Bullrich lo llamaba para agradecerle el esfuerzo pese a no haber logrado doblegar los votos de Cristina en la ciudad, un voz bonaerense daba letra en medios nacionales para tildar de “fracaso” la elección de Cambiemos en Quilmes.

La clave está en mensurar adecuadamente las circunstancias y el resultado. De cara a la elección, el gobierno de Quilmes tuvo a disposición el aparato estatal en todos los niveles; recursos de campaña, publicitarios, prebendarios, etcétera; presencia ilimitada de funcionarios nacionales y provinciales, candidatos, tres veces la visita de la Gobernadora Vidal y dos la del Presidente Macri; y el impulso concreto de la ola amarilla que entró en el país como un tsunami. Pese a todo, ganó por poco y se festejó sobre la hora.

También es cierto que la realidad de Quilmes hay que enmarcarla en su justo lugar. El distrito está enclavado en la Tercera Sección, el último bastión K. Los bolsones de clase media hostigada por las medidas económicas nacionales, la pobreza extendida en la periferia y la marginalidad de los asentamientos siguen lejos del “cambio”. A esta realidad hay que sumarle la falta de vocación de demasiados funcionarios para embarrarse los zapatos, condición necesaria para hacer política en el conurbano.

En este panorama, si el gobierno se ajusta a la realidad objetiva de los números, toma nota de los reclamos y demandas que escuchó de primera mano en los últimos dos meses de campaña y trabaja para solucionarlos, el resultado electoral puede ser una plataforma para consolidar poder y pensar seriamente en el 2019. Soy de los que cree que al PRO se le alinearon los planetas para trazar un plan reeleccionista sin demasiadas complicaciones.

Por otra parte, no se pude dejar de mencionar la excelente elección de Unidad Ciudadana, que carente de recursos, sin apoyos económicos  y políticos de fuste, con una lista fragmentada hasta al borde de la ruptura, estuvo a un puñado de votos de darle una sacudida al gobierno de Quilmes que lo hubiera dejado tambaleante los próximos dos años. Lo que hay que entender es que la crisis del peronismo local no se resuelve ni siquiera con los votos necesarios para ganar una elección legislativa.

Desde ahora y hasta diciembre, tanto el oficialismo de Molina como los opositores, deberán analizar lo sucedido con la mayor certeza posible, y disponerse a actuar en consecuencia. Recordando siempre que las malas lecturas de resultados traen como consecuencia resultados peores.

Gracias por leer.