Para una lectura de la elección en Quilmes

(Por Christian Skrilec) Evitemos el facilismo de esperar el diario del lunes. Ese lunes posterior a la elección que en general deja escaso margen al análisis debido a la contaminación que producen el apasionamiento, las operaciones de prensa y el inevitable discurso acomodaticio.
Vamos a los bifes. Molina, como Grindetti, y en una escala superior María Eugenia Vidal, cuentan con una ventaja ante la posible derrota de agosto: la culpa será de Macri. No podrán decirlo, utilizarán eufemismos, lo operarán en los medios pujando poder con el ejecutivo que también buscará exculparse, pero al menos, el mundo de la política sabe perfectamente que la decisiones económicas del gobierno nacional hunden cualquier esfuerzo.
La derrota de CAMBIEMOS en la tercera sección es cosa juzgada, lo único que falta es conocer la diferencia. Desde el oficialismo consideran que en Quilmes esa diferencia será menor, y le permitirá a Martiniano imponerse localmente. Así como una derrota bonaerense caerá indefectiblemente sobre los hombros de Macri, un triunfo en la Provincia será propiedad de Vidal. Si CAMBIEMOS gana en Quilmes, gana Martiniano. La diferencia con el 2015 es sustantiva, el triunfo de Molina fue consecuencia de ese demoledor arrastre anti-K que en Quilmes se vio potenciado por las destartaladas figuras de Aníbal Fernández y Francisco Gutiérrez, entonces la buena imagen y la empatía de “Marty” fueron un simple condimento, hoy, prorrogando la metáfora culinaria, Molina es el plato principal.
Contraria es la situación de Unidad Ciudadana, a diferencia de otros distritos de la tercera donde el “cristinismo-peronismo” tiene una fortaleza invulnerable fruto del constante ejercicio de poder, en Quilmes no hay ninguna solidez en el espacio, sino por el contrario, una permanente fragmentación. Esta vez dicha fragmentación se traduce en una boleta completa con la candidatura del “neo-anibalista” Matías Festucca, y dos boletas cortas (solo con candidatos locales) con Julio Nieto y Mario Lozano como respectivos candidatos. A ello hay que agregar otros sectores que han quedado a la deriva y buscando referentes a futuro. En este escenario Cristina obtendrá un número mucho mayor de votos que su candidato local, pese a ello, el arrastre de la ex presidenta puede ser lo suficientemente importante como para pelear mano a mano con el oficialismo. Si la lista de Unidad Ciudadana se impone, no será un triunfo local, la que gana es Cristina, y esta victoria difícilmente aporte elementos de cohesión para el peronismo vernáculo, salvo que se establezca un liderazgo más o menos claro, cosa que parece imposible en el corto plazo.
Otro dato a tener en cuenta, aunque desde mi punto de vista descabellado, es que si cualquiera de las boletas cortas de Unidad Ciudadana llegase a obtener el volumen de votos necesario para quedarse con la minoría, será el entierro definitivo de las ambiciones políticas para gobernar el distrito de todos los sectores que integran la boleta larga, el fracaso sería de una magnitud lapidaria.
Respecto a 1País no hay demasiadas especulaciones, ocupará el tercer lugar en las preferencias de los quilmeños, la duda es si llega a la cantidad de votos para obtener dos o tres bancas de cara a octubre. En lo estrictamente local, el ala peronista del sector que encarna el Frente Renovador fue (valga la redundancia) completamente renovada. El objetivo del nuevo armado es sumar algunos votos más que las listas seccionales atrayendo a los aparatos decepcionados de Unidad Ciudadana y CAMBIEMOS, y así ilusionarse con el 2019, si lo logran la renovación habrá valido la pena, caso contrario será más de lo mismo.
Por último un párrafo para el “randazzismo” que encarna el ex intendente Francisco Gutiérrez. Pese a la decepción que provoca el ex ministro Florencio Randazzo en las encuestas (peleando el cuarto lugar con la izquierda), los seguidores del “Barba” se ilusionan con duplicar los votos seccionales en el territorio, y con ello tener expectativas de ocupar alguna banca en el Concejo a partir de diciembre. Ese entusiasmo parece desmedido, si lo logran el “barbismo” subsiste, de lo contrario Gutiérrez confirmaría con una derrota su alejamiento definitivo de la lucha por el poder local.

Gracias por leer.