En Bernal Oeste, hay pequeños milagritos en la lucha anti-narco

La misma esquina dos meses después. Parece una postal calcada, sin embargo un pasacalle hecho a mano por la comunidad de Springfield en Bernal Oeste, parece un grito de haber encontrado al menos un principio de salvación: “ACA YA NO SE VENDE MAS DROGAS X VECINOS UNIDOS”.
El Suburbano otra vez estuvo en el barrio, como hace 8 semanas, cuando titulamos “Como en el Far West”, provocando inquietud, malestar y alivio en varias partes.
La misma entrada, el mismo sitio, incluso los mismos problemas de hoy, sin embargo los pequeños milagritos existen. Esos que iniciaron ahora un grupo de vecinos valientes, porque hay que serlo en un lugar donde hasta el policía más ‘guapo’ es cómplice o cobarde.
“Ahora los narcos están en otra zona”, dicen otros. Quizás escépticos, quizás con razón. Lo cierto es que esta es una zona menos.

 

El barrio antes y después
Al barrio se ingresa por 172 y Montevideo de Bernal Oeste. Allí, una barricada fue construida impunemente por los narcos en el único acceso que tienen los vecinos, para que no puedan ingresar los móviles policiales. Hoy parece ser distinto. O por lo menos así lo hace saber el pasacalle que da la bienvenida a la barriada.
Ocho semanas atrás te contábamos como era la profundidad de la barricada construida por los narcos: tiene unos 50 centímetros, en una superficie que tendrá unos cinco metros de largo por tres de ancho. Suficiente para que cualquier vehículo no se anime a ingresar. Los únicos que suelen entrar a esa zona cada tanto son los miembros de Gendarmería, que cuando lo hacen llegan a caballo, o simplemente a pié desde unas cuantas cuadras.
“Springfield”, como lo conocen, es una zona muy pesada. Podríamos delimitarlo entre Camino General Belgrano, Arroyo Las Piedras, Montevideo y Zapiola. Y si bien el nombre suena sano y hasta inofensivo, es sólo una cortina.
La ‘Springfield’ de Bernal cambió radicalmente su fisonomía original. Hubo una importante toma de tierras, donde desembarcaron distintas bandas que se disputan el poder por el control de la zona. De noche y día, “soldaditos” deambulan en resguardo de los intereses de sus jefes: Paraguayos y Peruanos, que controlan el lugar y la droga. Y dicen que a los adolescentes les pagan hasta 800 pesos por cada turno como contraprestación por el aviso de visitas indeseadas, y la entrega de la merca.
Una triste radiografía de un barrio quilmeño que afirman comenzó a cambiar, pero ahora y luego de una fuerte lucha vecinal, para bien.