Punto de arranque

por Román Sledz

Inició el derrotero del Nacional B para Quilmes y fue con un empate en Junín. Pudo haberlo perdido pero Trípodi contuvo un penal y tapó varias. Hay para mejorar

No es lo ideal que el arquero sea la figura de un partido porque por lo general significa que se ha recibido el asedio del equipo rival. Sin embargo en este caso a su vez sirve para confirmar ciertas cuestiones como el presente de Emanuel Trípodi, que no solo constituye una figura representativa dentro del plantel sino que sus actuaciones se pueden traducir en puntos. Más allá de haber tapado un penal muy mal pateado, tuvo intervenciones muy importantes que garantizaron el cero en el arco propio, lo que significó básicamente no arrancar con una derrota, cuestión nunca positiva. El equipo en si tuvo un rato de buenas intenciones en el primer tiempo que terminó empañando con desorden en el complemento. Algunas cuestiones tácticas hacen dejar una imagen no tan positiva pero más sencilla de trabajar a partir de una unidad sumada ante un rival en similar situación y con un plantel competitivo.
Todas las complicaciones en materia de lesiones que no había tenido Nardi durante la pretemporada parecieron concentrarse en esta semana previa de inicio del torneo. El inconveniente en la rodilla de Enzo Acosta que parecía ser funcional a la idea del técnico por la izquierda, la dificultad en los meniscos para Román Strada, alguien tal vez de características únicas dentro del plantel, son algunos ejemplos de los contratiempos que tuvo que atravesar el entrenador para definir un once inicial que fue mutando con el correr de los días y que viajó a Junín sin confirmación. La elección de un doble cinco de menos combate se vio luego contrastada con un cambio polémico más orientado a equilibrar el mediocampo: a los trece minutos del segundo tiempo el cartel de variantes indicó en la salida el número diez y la sorpresa invadió al mundo Quilmes. No es que hasta allí Miguel Caneo estuviera realizando un gran partido más allá de algunas buenas habilitaciones, sino que es la herramienta principal de generación de juego, siendo que si no obedecía a una cuestión física (como no lo hacía) podía ser percibido como una moderación en la ambición de la búsqueda del arco rival. Se perdió parte del buen trato de balón del primer tiempo y triangulaciones necesarias para lastimar a un Sarmiento que se mostraba algo más incisivo.
La faceta defensiva tal vez preocupó más con algunas irregularidades en los relevos (en varias ocasiones quedaron mano a mano) y un desborde que en ocasiones respondía más a la línea de volantes que la del fondo. Si bien las actuaciones en los amistosos han sido dispares, el foco pareció estar mayormente puesto en el ataque, sosteniendo que la mejor forma de defenderse es con el balón, cuestión objetivamente cierta. Sin embargo la gran pregunta hasta ahora sin respuesta es qué hacer cuando no se tiene. Allí es donde nuevamente pareció tener la materia pendiente el conjunto de Nardi que comenzó a sufrir por las bandas y a no lograr con-tener en la mitad de la cancha. El ingreso de Augusto Max aportó intensidad pero a su vez fue en detrimento de la generación de juego con lo cual el efecto del equilibrio pareció limitado.
Más allá del análisis pormenorizado hay que hablar de un punto que sirve por tratarse de un rival con potencial de pelea por la zona de ascenso y la condición de local, así como por un simple hecho anímico de no tener que re construir desde la derrota sino modificar y potenciar sin haber perdido. Será importante, también, las lecturas de juego ya no solo en la previa sino durante los compromisos, ligado esto no solo a lo estratégico sino también a lo simbólico.