QAC: ¿Cómo bajarse del tobogán?

por Roman Sledz

 

Puede sonar algo redundante pero semana tras semana se nota una involución futbolística tal que se arroga la facultad de ganarle en la discusión a la matemática, que todavía sostiene chances para que Quilmes mantenga la categoría (aunque no ya por mérito propio). En un doble golpe, Defensa y Justicia terminó desnudando las miserias de un plantel que mentalmente ya aparece como descendido, ante cada decisión, ante cada situación límite, manifestado en la desconfianza, los nervios y los errores que se suceden uno tras otro y que colaboran al desfiladero de rivales que vienen, se sirven de las facilidades otorgadas, suman puntos y dejan una patada a las costillas a un cervecero que está en el piso y que no tiene fuerza en las piernas para ponerse pie.
El diagnóstico está claro; el interrogante es si existe algún tratamiento intensivo o no para evitar el claro final. Pareciera ser que las distintas alternativas ya fueron aplicadas: se cambió el cuerpo técnico, éste utilizó prácticamente todos los nombres a disposición que no habían tenido lugar, distintos esquemas tácticos, postura defensiva, algo más ofensiva pero todo siempre con los mismos resultados. La constante no es solo esa sino los rendimientos, con lo cual queda latente la pregunta del título: ¿cómo bajarse del tobogán que desemboca en el nacional B? A estas alturas no se encuentra una respuesta sencilla. El golpe de timón anímico por sobre todas las cosas debería radical y no están dadas las condiciones para que esto ocurra. El momento propicio para que ello sucediera pasó con la asunción de Cristián Díaz, quien evidentemente más allá de haber mostrado algunas habilidades para la lectura previa de algunos partidos, no generó la llegada necesaria como para producir un impacto en la mentalidad de cada jugador, tan acostumbrado a la derrota como a la idea del “no poder”. Así como las incapacidades se suelen disimular con determinación y convencimiento, la falta de estos últimos no solo las dejan al descubierto sino que las potencian. A partir de allí es que se puede explicar cómo los mismos individuos que en otro momento tal vez podían esbozar pasajes de partidos respetables o inclusive lastimar al rival, hoy se muestren con rasgos amateurs y sin posibilidad alguna de hacer lo necesario para sumar los pocos puntos que harían falta para poder mantener la categoría.
Esto último es lo que más le duele al hincha de Quilmes: esta vez no estaba invitado al velorio de la pelea por no descender; casi sin golpear la puerta, se metió solo, se quedó y además ahora se empieza a probar el cajón; si no se para rápido, le van a poner la tapa. Por más duro que suene, la situación previa en cuanto al promedio venía siendo mucho menos apremiante que en otras ocasiones donde le tocó convivir con la idea del descenso o mismo tener que atravesarlo. Una campaña “pobre” hubiese bastado (y todavía puede hacerlo) para mantener la categoría, que se vayan los doce puntos del campeonato transición 2014 y pensar en alargar el período más largo de permanencia en la élite del fútbol argentino. Cuesta creer cómo, por más dificultoso que sea, no se pueden concatenar unos pocos resultados positivos para que esto suceda y que se pueda iniciar la próxima temporada en una posición más holgada en esta materia.
Es un momento de quiebre fundamental; por la negligencia e incapacidad de la gestión dirigencial anterior, el club está pagando deportivamente las carencias institucionales. A muy poco de cumplir un año de la asunción de las nuevas autoridades, las decisiones deportivas, condicionadas éstas notablemente por el contexto producto de lo antes dicho, no parecen ser el fuerte, puesto que no sólo no logran maquillar las dificultades, sino que las potencian, tal como dijimos les pasa a los jugadores dentro de la cancha por la falta de convencimiento. Es momento de aferrarse a la ilusión de que en algún momento el tobogán se transforme en una hamaca y no un sube y baja.