QAC: De ahora en más

Por Román Sledz

Quilmes cortó la racha nefasta de siete derrotas consecutivas y salió del descenso directo al ganarle a Talleres. Quedan ocho finales donde no puede volver a caer así

Las apuestas para este partido eran complejas y seguramente más de un cervecero esperanzado se habrá llevado un buen número. Es que en la previa se enfrentaban dos conjuntos con estilos muy diferentes al igual que sus presentes. Talleres a solo cinco puntos de salvarse del descenso, piensa más en las copas que en los promedios. Por su parte Quilmes arrastraba sólo una victoria en los últimos once partidos del torneo; solo vio derrotas en lo que iba en este 2017. Sin embargo a base de un segundo tiempo donde tuvo más empuje y sacrificio que claridad, el equipo de Cristian Díaz logró cortar lo que parecía un tobogán hacia el descenso. Si bien naturalmente con estos tres puntos no se soluciona nada, pueden ser fundamentales para generar una inflexión de cara lo que viene y sumar para escaparle a la zona pantanosa.
El primer tramo de partido lo encontró al “tallarín” muy cómodo en el Centenario, manejando la pelota y haciendo valer sus individualidades pero también su paciencia para tocar y esperar el momento adecuado. En esto el estandarte como siempre es el ‘Cholo’ Guiñazú, quien a pesar de sus treinta y nueve años es el futbolista que más balones recupera en primera división. La cuota de generación de juego la aportó muy bien Reynoso, aunque algo individualista. A su vez la velocidad de Palacios fue un dolor de cabeza tanto para Sarulyte como para Escudero, quien luego post partido confesó que le dijo (ya lesionado), “si volvés a pasar por acá te mato”. Sin embargo el equipo cordobés se terminó quedando en las insinuaciones, no pudiendo concretar las situaciones que efectivamente tuvo pero que resolvió mal, una “falencia” que mantuvo todo el torneo y que hace que los centro delanteros no tengan buena planilla (definen los extremos o volantes).
La segunda mitad del encuentro mostró un cambio radical en el cervecero. Cambió la pasividad por una intensidad importante en la mitad de la cancha, algo más de tenencia de balón y por sobre todo salir unos metros más adelante en el campo de juego. El despertar de Contreras alejándose un poco del área dejando ese hábitat natural para el debut forzado de Bailone terminó generando las situaciones de mayor riesgo. Así vino el gol al cual los de Cristian Díaz se aferraron con uñas y dientes mostrando una conciencia de lo que estaba en juego mucho mayor que los últimos encuentros. Ese proceso se llevó dos lesionados, un expulsado, muchos calambres pero por sobre todo el puño cerrado del final y la sensación de haber terminado con esa maldición que los persiguió durante siete encuentros.
Lo importante de esto será el efecto que genere, más allá de lo fundamental de los tres puntos sumados que lo sacaron del descenso directo. Haber roto con la cultura y costumbre de la derrota hará mella en el convencimiento de un plantel que ya se preguntaba inclusive en voz alta si podía o no. Si bien las matemáticas no ayudaron hasta aquí hay un factor con el que siempre se contó: el tiempo. Ese margen para corregir la desastrosa racha de derrotas que pusieron en jaque la estancia en la máxima categoría del fútbol argentino. Se podría decir que el fixture le da un pequeño guiño para que las cosas se sucedan en ese sentido, pero sin este síntoma de recuperación, de nada serviría hablar de eso. Lo importante, claro, será que “de ahora en más” la actitud, el nivel de conciencia de lo que está en juego y por supuesto la sumatoria de puntos sea esta; o bien, en este último caso, distinta de cero.