QAC y más de lo mismo, por Román Sledz

El axioma futbolístico de “técnico que debuta gana” no se dio en Quilmes. Cristian Díaz asumió tras la renuncia de Alfredo Grelak (y el interinato de Leonardo Lemos) y renovó esperanzas tanto en el plantel como en una parte de la gente. Sin embargo la primera imagen no fue la ideal. Si bien sostuvo un buen primer tiempo, parece ya costumbre el decaimiento en el complemento ya sea por lo físico o por el trámite del encuentro. En este caso no hubo que esperar a los segundos cuarenta y cinco minutos, ya que con el gol de Colón a los treinta y ocho, pareció terminarse todo para el Decano del fútbol argentino. Lo psicológico y la costumbre por la derrota parecieron hacer lo suyo como para que desde ese momento hasta el final, los de Díaz no puedan despegar el cachete de la lona. Cual noqueador de peso pesado, al “Sabalero” le bastó solo una mano fuerte (casi la única de la noche) ante la débil mandíbula local.
El pozo futbolístico para Quilmes parece no tener fondo. Solo conoció derrotas en este 2017 y tras haberse “devorado” un cuerpo técnico, ahora hizo lo propio con una campaña aceptable de puntos cosechada en el segundo semestre de 2016. Por una simple casualidad matemática, todavía no pisa la zona roja de descenso, ya que existen dos equipos que están haciendo casi tanta fuerza como el propio cervecero para irse a la segunda categoría, en lugar de mantener su lugar en la elite: Olimpo y Arsenal. Inclusive, este último el fin de semana logró un sorpresivo e importante triunfo ante Huracán en Parque Patricios, otro de los que están en la discusión, aunque con algo más de aire. Es muy complejo no hablar de los tanteadores cuando de los últimos diez compromisos se perdieron nueve; son tan solo 3 unidades sobre 30, una tramo de campaña digno de un conjunto que toma carrera por el descenso. Más allá de los pasajes alentadores de agresividad en el juego en primeros tiempos, parecen ineludibles las falencias en la concentración y la mentalidad para un plantel que está lo suficientemente golpeado como para ser duramente autocrítico, tal como lo fue Matías Pérez Acuña en el post partido: “somos todos hombrecitos, el que no se aguanta la presión que se vaya”; “no puede ser que todos los equipos dan vuelta partidos menos nosotros, nos hacen un gol y nos caemos”. Crudo, directo, pero real. La vehemencia de sus declaraciones son directamente proporcionales a la impotencia que a ellos mismos les generan sus rendimientos.
Caerle en esta instancia al flamante entrenador sería de una necedad absoluta; si bien despierta en muy pocos fanatismo o al menos aceptación, Cristian Díaz dispuso de tan solo cinco días de trabajo como para torcer una ruta que se viene embarrando hace meses. Por la lamentable lesión de Diego Torres (meniscos y algo de ligamentos) se podría generar la chance de una nueva incorporación: a no ser ingenuos, Messi y Cristiano Ronaldo ya tienen club y además Quilmes tiene algunas dificultades económicas antes que atender; a no depositar toda la presión en el ju-gador que pueda llegar a venir, puesto que además sería de un perfil de alguien con pocos minutos en su club. Son estos muchachos los que tienen que hacer un análisis introspectivo profundo, tocar sus fibras íntimas, entender que con esta mentalidad, rendimientos y resultados, in-defectiblemente cargarán en sus hombros en poco tiempo con un des-censo a la segunda categoría.
Afortunadamente todavía hay tiempo y margen para que este plantel pueda demostrar que son los mismos que sumaron una buena cantidad de puntos en una racha ganadora el año pasado, que entienden qué y dónde juegan y que en caso de pasar este “chubasco”, Quilmes ganará algo de tranquilidad deshaciéndose de una campaña que también registra seis derrotas consecutivas (aunque en dos torneos): los doce puntos de Quattrochi en medio de la crisis institucional terminal.