Quilmes: Calculadora en mano

por Roman Sledz

 

La dura derrota por 3 a 0 frente a San Lorenzo saló varias heridas que por ahora no encuentran forma de cicatrizar. Los setenta y cinco minutos que se mantuvo el arco en cero, lejos de ser un mérito desnudaron las falencias ya no solo en la ejecución por parte de los futbolistas, sino en la planificación por parte del entrenador, del cual muchos esperaban que en el post partido diera un paso al costado. Lejos de ello se manifestó “con fuerzas” y que no se va porque “no es cagón”. Discusiones sobre su continuidad aparte, lo cierto es que en pocas semanas todo lo bueno hecho en lo matemático en el semestre anterior parece desvanecerse o quedar definitivamente catalogado como un “golpe de suerte”, puesto que hoy por hoy cuenta con tan solo tres puntos sobre veintiuno en juego y se posiciona junto con Arsenal a tres unidades, en el límite entre aquellos equipos que mantienen la categoría y los que la pierden, a cuatro de Olimpo, el primero en esta condición. El eterno fantasma asoma y el fixture no es prometedor para esquivarlo.
Preocupan mucho los resultados pero en definitiva eran más proba-bles que los rendimientos. La pobreza futbolística que pasea Quilmes por los estadios es directa-mente proporcional a los puntos que acumula: se ha transformado en el peor equipo de esta reanuda-ción de campeonato. Esto ya no solo desde los resultados finales, sino desde las performances en cancha y las estadísticas propias de juego, donde no genera situaciones de riesgo y aún más, le cuesta una enormidad hilar cuatro pases consecutivos. Las tareas constantes de “rutas de pases” que se realizan en la semana no se reflejan en absoluto los días de competencia y eso hace que el conjunto de Grelak sea un equipo inconexo, carente de ideas y principalmente de convencimiento.
Todo este combo negativo pone en tela de juicio no necesariamente la capacidad, pero si la efectividad de los trabajos del cuerpo técnico, quienes se han referido en reiteradas oportunidades a la jerarquía de sus jugadores. Esto es totalmente cierto y concreto, pero si se entiende a jerarquía como experiencia y salto de calidad, desafortunadamente esto termina aplicando también al propio Alfredo, quien continúa haciendo sus primeras armas en primera división. Ante un plantel limitado, el plus siempre se espera desde el banco de suplentes mediante la lectura de juego, el golpe de timón a tiempo o las simples variantes tácticas a partir de una correcta radiografía de las fortalezas y las oportunidades de mejora de cada uno de los colaboradores, para potenciar las primeras y disimular las segundas. No es esto lo que se viene observando partido a partido e inclusive ante ciertas paridades sí se logra ver del lado de enfrente, como sucedió contra Central y la buena inclusión de Camacho por parte de Montero. Se evidencia cierto desgaste (no necesariamente desde lo relacional, de hecho no pareciera ser así, pero sí desde la tarea) entre jugadores y técnico. Un ruido en el mensaje que hace que la buena labor en la semana, la avidez por la información, inclusión de nuevas tecnologías y mecanización de movimientos, no se traduzcan en rendimientos aceptables.
¿La solución es el final del ciclo Grelak? Difícil saberlo. Por definición la interrupción de cualquier proceso en el fútbol no es el camino ideal. Esto inclusive se apoya en experiencias cercanas en Quilmes, aunque no análogas, como con Alfaro o De Felippe. Sin embargo sí será necesaria una mirada más introspectiva por parte del cuerpo técnico y analizar qué se puede hacer diferente ya que lo único que ha cambiado es el mes del calendario: mismo plantel, mismo fixture, mismo cuerpo técnico. Esto hace que, lamentablemente, se vean los mismos rendimientos y los mismos resultados.