Quilmes, la fea del boliche

(Román Sledz)

En 48 horas dos técnicos le dijeron que no a Quilmes. Se complicó la firma tal como había sucedido cuando llegó Díaz, quien aún no se va. En el medio llega Nardi Cuando todo parecía indicar que se alineaban los planetas y Quilmes podía contar con un nuevo técnico (aunque aún no había desvinculado al anterior), nuevamente apareció una negativa. Ya había vuelto a suceder con Iván Delfino, quien declinó la propuesta de Quilmes en el fin de la semana pasada. Las luces ya caían definitivamente sobre Rondina, con quien se venía en tratativas hace unos quince días, pero de repente pateó el tablero y rechazó la oferta que se encontraba por debajo de lo pretendido. A barajar y dar de nuevo; en una semana, al no de Chapu se sumaron los de dos entrenadores, tal como había sucedido en su momento antes del desembarco de Cristian Díaz, quien irónicamente todavía sigue siendo el entrenador, puesto que no se ha logrado finiquitar el vínculo. Revés tras revés para la dirigencia cervecera hasta que de la nada se dio con una recomendación de quien en su momento dijera que no, el Chapu: Lucas Nardi.
Es difícil desterrar algunas cuestiones cuando quedan instaladas. Esto le está sucediendo y mucho a Quilmes en el mercado, cuando tiene que salir a contratar técnicos o jugadores. El club que no paga, el desordenado, donde estuvo tal o cual y dejó todo devastado, donde los que están ahora todavía no saben y quién sabe cuántas otras cosas más. Algunas podrán ser verídicas, otras no (por ejemplo hoy Quilmes “paga”; el plantel que se fue descenso lo hizo estando “al día”), lo cierto y lo concreto es que cada pequeño paso que tiene que dar en lo futbolístico, se complica por lo institucional. El ventarrón que lo llevó puesto hasta el Nacional B, uno de los peores escenarios pensando en dicha recuperación, lo encuentra sin plantel, sin entrenador (bueno esto es relativo) y sin un presupuesto acorde. Difícil panorama para seducir a quien tenga que venir. La reminiscencia a los casos de Leonardo Astrada, Ricardo Zielinski, Jorge Burruchaga, Gabriel Milito y Sebastián Méndez de hace unos meses están flotando en el aire y hace difícil pensar en un nombre con peso específico que pueda sentarse en el banco del cervecero; luego la discusión será si es eso lo que indefectiblemente se necesita o no, pero la jerarquía, de la que tanto se ha hablado en su momento de los jugadores, puede que no aparezca este año ni en una u otra función.
Rondina rechazó la propuesta por un diferencia en el sueldo que había puesto arriba de la mesa quince días antes; también había cuestiones relacionadas al premio por salir campeón, pero con lo propuesto por Quilmes no se podía mantener la estructura de los seis integrantes del cuerpo técnico y esto lo manifestó como una condición sine qua non. Más allá de esto, desde el círculo cercano de “huevo” se supo que la dilación de la situación y algunos manejos generaron malestar como para declinar la oferta, más allá de algunas cuestiones que no cerraban desde el “proyecto deportivo”, es decir, la conformación o capacidad de conformación del plantel.
Automáticamente una vez consumado esto, la brújula parecía salirse de su eje. Sin embargo surgió un nombre que había sido noticia a nivel nacional hace unos escasos diez días: Lucas Nardi. Con destino de dirigir la primera de Estudiantes de La Plata (en la cabeza de Verón esto estaba como algo permanente y no de forma interina), un viejo tweet desempolvado por el “termismo” reinante en la ciudad de La Plata que apuntaba contra el sagrado bilardismo, terminó con dicha chance. De referencias más que buenas a partir de su labor en las inferiores de ese club, ya había si-do sondeado por Temperley y sorprendió la irrupción de su nombre en un Quilmes siempre tendrá una conexión especial con los “pincharatas”.
Unas tres horas de reunión el domingo alcanzaron para que el lunes a la noche se cerrará y se sellará el destino, formalidades aparte. Por supuesto, esto terminará siendo concreto y definitivo en la medida en que se resuelva el vínculo con Díaz, quien aferrado a su contrato, se prepara para percibir una suma generosa. Se fue con una que no esperaba hacerlo, pero Quilmes otra vez pareció la fea del boliche.