Siempre hay más abajo

por Roman Sledz

 

Parece que siempre se puede estar peor, siempre se puede recibir otro golpe más abajo. Como si hubiera sido poco quedar eliminado entre semana por Copa Argentina contra un equipo del Federal A sin haber mostrado el más mínimo ápice de fútbol, le tocó perder en el primer “chico” contra el siempre picante Defensa y Justicia (esta fue la jornada de emparejamientos, el próximo fin de semana será el fixture convencional) en el minuto treinta y ocho del segundo tiempo (de forma similar como perdió con San Martín de San Juan), agravado además por un fallo arbitral polémico que pudo haber cambiado el curso del tanteador. Golpes de puño, corridas y la famosa “hecatombe” se sucedieron cerca del final, como una marca en el termómetro de los ánimos. La tarde noche movida, tendría aún un capítulo más: cuando volvieron al Centenario, muchos futbolistas se encontraron con sus autos destrozados y pertenencias robadas. Parece que siempre se puede estar peor.
Poco queda para hablar desde lo futbolístico. Así lo terminan ratificando los propios protagonistas cuando en el post partido se dedicaron a hablar del arbitraje y de los hechos de violencia. Sin embargo hay que hablar de un planteo mezquino adaptado a lo que el entrenador entiende que tiene a disposición, condicionado claramente por el tiempo. Sin poder sostenerlo, el error se hizo inevitable y más allá de que Baliño pudo haber cobrado falta de Gutiérrez y no mano a Ramírez, el hecho es que Calello, de los más regulares y expedientes, cometió un pecado donde y cuando no se puede cometer. El local, que venía de fiesta por la eliminación del San Pablo en sus manos en el Morumbí, completó la semana de festejos por los tres años del ascenso con una victoria en el “clásico”, tal como se lo vive en Varela. En lo deportivo, hasta ahí.
Los flashes y la atención se lo terminó llevando lo extra deportivo. Todo comenzó con algunos entredichos en la zona de los bancos de suplentes que se terminaron potenciando, más allá de los fallos arbitrales, con la demora en la entrega de los balones por parte de los asistentes dedica-dos a ello. De hecho todo se habría desatado a partir del “coordinador” de los mismos, quien habría tenido un cruce en el que intervino un miembro del cuerpo técnico de Quilmes que colabora en las filmaciones y demás. Un golpe de puño al aire que no llegó a destino lo habría valido de un impacto en el pómulo por parte de un miembro de la seguridad y a partir de allí se desató el conflicto. El ayudante de la edición de video terminó en un celular bajo custodia y tras un borbollón grande, Baliño pudo seguir con un partido que ya estaba totalmente “picado”. Tal es así que las discusiones continuaron inclusive en la puerta del vestuario y adentro una vez finalizado el encuentro ya no solo entre los jugadores sino entre los propios allegados y dirigentes de cada institución. Rápidamente actuaron abogados miembros de la comisión directiva cervecera para que el colaborador volviese con ellos y detener la situación allí puesto que acusaban también golpes y provocaciones. Con ese ambiente las declaraciones se centraron en eso y la autoridad máxima del cotejo.
Cuando todo parecía desilusión deportiva, bronca y promesas de reciprocidad el próximo Domingo cuando se invierta la localía, las noticias llegaban desde el Estadio Centenario y no ya del “Tito” Tomaghello: habían ingresado al estacionamiento y roto los autos de varios futbolistas, así como también robado algunas pertenencias que se encontraban en los mismos. Los más damnificados resultaron Andrada, Ilarregui, Escudero y Calello entre otros. El propio Adrián luego declaró sobre esto en FM Sur y se mostró afectado por el tema: “Por ejemplo yo hoy no llevé a mi hija al jardín. Trato de ser precavido y de cuidarme a mí y a mi familia” (…) “A mí no me robaron. Tenía los regalos de mi cumpleaños en el baúl. Me rompieron los vidrios y me abollaron las puertas”. Otros como Trombetta por ejemplo, eligieron el ida y vuelta directo con los hinchas vía la red social twitter, incluyendo agresiones de ambas partes.
Es cada vez más difícil la situación y es muy complicado no ver un final negro. Hace una semana nos preguntamos cuál era el momento de “salir a vender cara la categoría”, de arriesgar algo más. Aún sin la certeza de que esto se traduzca inmediatamente en puntos por falta de capacidad o pericia, parece que el momento, a seis partidos del final, se avecinó estrepitosamente.