Siete puntos, y no de sutura

Mientras muchos aún siguen deliberando
si Caneo está bien o no, lento o rápido, lesionado o bien, es el autor material de
siete de los trece puntos que tiene Quilmes

Por Román Sledz

Mucho se discutió en la previa al desembarco de Miguel Eduardo Caneo de regreso a Quilmes sobre si llegaba bien o mal, si iba a estar a la altura desde lo físico por la larga inactividad que arrastraba, cómo lo iba a tratar la categoría a alguien que en el medio cumplió años naturalmente y otros tantos argumentos orientados a descartar el regreso de, sin dudas, un ídolo del club. Más aún, no se desterraron varios de ellos hasta el mismo día de hoy, cuando es necesario parar la pelota (irónicamente) y analizar en frío los datos duros: siete de los trece puntos que hoy Quilmes tiene en este Nacional B tras nueve fechas disputadas (de un corto total de veinticinco) son responsabilidad directa de los pies o cabeza del último diez. Naturalmente que es parte del trabajo de un equipo y cuerpo técnico que se encuentra con una matemática tal vez por encima de su rendimiento y que hoy le permite no estar lejos de la cima a pesar de haber tenido varios traspiés, sin embargo, números son números y en un breve repaso la situación sería muy diferente.
En su vuelta al Estadio Centenario, Miguel dio los tres puntos cuando a los 41 minutos, con una definición algo defectuosa pero efectiva, ponía el resultado definitivo y garantizaba no solo tres puntos para el equipo sino también el inicio de su gravitación sobre el total. Ya atrás había quedado la primera fecha donde salir en Junín frente a Sarmiento le generó un “berrinche” propio de los que quieren estar siempre. Si bien lo cierto es que el cambio fue táctico, luego en la semana una dolencia hizo que no estuviera presente en Dálmine ni en Jujuy, donde el primero fue victoria y el segundo derrota. La foto de la vuelta a casa besándose el escudo y poniendo cifras definitivas a un encuentro entusiasmó hasta al más reacio. Hasta allí tres sobre siete. Luego llegaría Deportivo Riestra y esos rivales y canchas que hacer salar todavía un poco más la herida del descenso que, por supuesto, sigue abierta. Sin embargo, aún sin haber hecho un buen partido, fue el propio “diez” el que, esta vez con la cabeza, dio la victoria para seguir prendido arriba en un trámite de encuentro para el olvido. ¿Seis de diez? Si, seis de diez. El extraño partido frente a Estudian-tes de San Luis en el Centenario permitió brindar un punto en el cual la apatía del equipo no escapó a ninguna individualidad, lo que se profundizó llamativamente en Tandil. De esa tanda de encuentros se esperaba muchos más, probablemente también sumado el encuentro frente a Nueva Chicago dónde, como para agravar las cosas, Caneo no pudo participar por una vieja distensión que lo está haciendo sentir dolor y tener que re-legar minutos. Sin embargo, contra todos los pronósticos y desafiando los tiempos lógicos médicos de recuperación de lo que fue (o es) casi un desgarro, de una semana para la otra pudo decir presente y, ya en cancha, seguir sumando unidades en la cuenta global y personal anotando el gol del empate en Tucumán el último fin de semana; vale entonces el re-sumen de siete unidades sobre trece cosechadas. Nada mal.
¿Nada mal? Veamos dónde estaría Quilmes sin esas siete unidades que pudo sellar aquel que venía sindicado como “parado, roto y conflictivo”: estaría en la línea de Flandria en la tabla de posiciones, es decir con solo dos equipos por debajo; ergo, ocupando una de las seis plazas de descenso directo. Si bien no es algo que se pueda “calcular” así de linealmente, sirve a modo de parámetro para entender cómo, aún con algunas dificultades físicas, la jerarquía y la cabeza (aún por encima de lo que puedan ha-cer las piernas) de este jugador tan diferente, pueden hacer tanto margen en una categoría que da tantas chances matemáticas por la pobreza futbolística que detenta. A poco de cerrar el semestre y aún haciendo un esfuerzo grande, se puede cuantificar lo importante que es Miguel Eduardo Caneo para este equipo, haciendo todo aún más promisorio pensando en un segundo semestre de plenitud. La pelota siempre al diez.