Suspenso con final de terror

Mucho tuvo que esperar el fútbol todo para volver a ver rodar la pelota. Tal vez el caso de Quilmes fue de los más sensibles puesto que la razón que motivó el paro de futbolistas y la consecuente demora en la reanudación del torneo, lo tuvo como uno de los protagonistas más damnificados. Sin embargo, una vez dejada atrás la historia del verano, que tuvo durante ochenta días una “atrapante” trama de suspenso, tuvo un desenlace mucho más cercano al terror. Perdió bien contra un Gimnasia que se supo más sobrio y convencido de a qué tenía que jugar, más allá de que se encontró con un fallo a favor en un momento determinante del partido: la sanción de un penal que no debió haber sido, puesto que la infracción fue claramente fuera del área.
Atrás quedaron cuestiones de las cuales se ha charlado hasta el hartazgo en los ochenta y tres días en los cuales no hubo fútbol para el cervecero: que el 3-5-2 que en realidad se veía como un 5-3-2, que había que volver a las dos líneas de cuatro; que Rescaldani si o no (si es que le daba bola a Quilmes); que si Mattos ya no estaba grande para pedir tanto dinero (tremendo golazo hizo en este partido para Gimnasia, con el que aniquiló cualquier ilusión que pudiera haber generado el descuento de Da Campo); que por qué se usó solo un refuerzo; que para qué se usó el cupo de Contreras; ¿está habilitado Contreras?; en fin, un sinnúmero de situaciones propias de un verano con muchas cuestiones económicas, administrativas, políticas y muy pero muy poco futbolísticas. En este contexto, la sensación es la de que Grelak está preparando el encuentro frente al “lobo” desde hace una vida. Claro, más allá del resultado, el rendimiento no pareciera ser en consecuencia de ello. Sin embargo es correcto señalar cuestiones que parecen repetirse en los post partidos desde el semestre anterior: el entusiasmo y la concentración solo pueden suplantar transitoriamente a la jerarquía. En este caso puntualmente no llegó a eso y los desacoples defensivos dieron demasiadas chances a la experiencia de los de Alfaro, que bien sabe al pie de la letra esto de “aprovechar el error del rival”.
Las incógnitas de último momento no parecen haber influido en el rendimiento o el desenlace del juego: el interrogante de Rigamonti que se había lastimado el hombro el fin de semana anterior en la habitual y descontracturante práctica de fútbol-tenis y la tendinitis que lo tuvo a maltraer a Da Campo, que además se encontró nuevamente con el gol (en una buena jugada colectiva). El contratiempo de la lesión de Ismael Benegas fue solo un aditivo más en el desconcierto de una defensa que la pasó mal por las bandas pero que además veía en primera fila como Bahian Aleman hacía de las suyas frente a una mitad de la cancha que, a pesar de ser habitualmente lo más firme y certero, le tocó lidiar con lo más peligroso de Gimnasia.

El inicio del campeonato para Quilmes (otra de las cosas de las que se ha hablado tanto durante estos ochenta días) no es para nada sencillo y la visita al bosque no era necesariamente un lugar donde a priori se esperara gran cosecha de puntos (no gana allí desde el 2003, 1 a 0 con gol de Carrario, irónicamente dirigido por Gustavo Alfaro). Sin embargo tampoco podrá darse el lujo de tener estos errores y rendimientos y pensar en un potencial “cero de quince” unidades, ya que más allá de lo matemático (que se complicaría) también aumentaría el malestar general y la sensación de seguridad en los futbolistas en la cual se viene trabajando inclusive hasta con un especialista.