Walsh y el periodismo como compromiso

Rodolfo Walsh nació en 1927 en Choele Choel, provincia de Río Negro. Su actividad periodística comenzó en los magazines populares de aquellos tiempos. Más tarde, cuando en Cuba comenzó “Prensa Latina”, fue uno de sus más fieles inicia-dores. Y allí ejerció su oficio más secreto: El de criptógrafo, develando la información secreta de la invasión a la Bahía de los Cochinos.
Su obra inicial con la cual marcó una bisagra en el periodismo argentino, fue sin dudas “Operación Masacre”, de lectura más que obligada para todo aquel que se precie de periodista.
El Día D
Walsh se encontraba jugando al ajedrez en un bar de La Plata cuando a unas pocas cuadras se desató el asalto al Comando de la segunda División y al Departamento de Policía.
Se acercó hasta el lugar de los hechos y presenció parte de la fracasada contrarevolución comandada por Juan José Valle. Esa noche, muchos hombres murieron bajo el fuego de las balas de la mal llamada “Libertadora”, que a sangre y fuego se aferraba poco a poco en el gobierno.
Seis meses después, Walsh escuchó el rumor de que un fusilado sobrevivió; desde ese momento cambió su nombre y llevó un arma en su entrepierna. A partir de ese rumor, pudo reconstruir el fusilamiento sufrido por militantes peronistas y otros que no lo eran, en un baldío de José León Suárez.
En “Operación Masacre” documentó las pruebas que demostraron que esos fusilamientos fueron ilegales, ya que no se produjeron bajo la vigencia de la Ley Marcial, que fue comunicada por Radio Nacional minutos después del inicio de los disparos.
Símbolo del periodismo de investigación argentino, Rodolfo Walsh, dedicó y dio su vida por lo que amaba: Decir la verdad.
Fue asesinado en 1977 por un grupo de tareas de la ESMA, mientras llevaba consigo la “Carta Abierta a las Juntas”, donde denunciaba las injusticias de un gobierno militar sangriento que había iniciado su raid en 1976.
Hoy los que amamos el oficio de periodista, lo recordamos.