Y parió la abuela

Quilmes anula la capacidad de sorpresa y por un conflicto con UTEDYC recién confirmó a su gente que podía asistir 50′ antes del partido

A la pregunta “¿qué más puede pasarnos?” parece que Quilmes le tiene siempre una respuesta. Desafiar a la capacidad de sorpresa parece un deporte local y el fin de semana hubo un capítulo más de la impredecible vida institucional cervecera. Tras una diferencia en los conceptos de liquidación de los trabajadores de UTEDYC, se procedió a una protesta con una medida de fuerza que contemplaba no prestar servicio el día de partido, cuestión que los dirigentes advirtieron solo 24 horas antes del encuentro. La negociación estuvo en vilo hasta último momento y la gente tuvo la confirmación de la posibilidad de la asistencia tan solo cincuenta minutos antes de la hora señalada. Idas y vueltas que incluyeron réditos políticos para unos y otros en algo que resultó, de mínima, desprolijo.
El miércoles por la tarde comenzó a acrecentarse un malestar que ya es-taba presente entre los empleados de UTEDYC que dan servicio habitual-mente en el Estadio Centenario a raíz de una supuesta mala liquidación en los sueldos pero también en puntos más específicos que luego se tradujeron en una nota, como el “maltrato laboral” y “falta de diálogo”, cuestiones que diferían mucho en la relación que hasta aquí se mantenía. Rápidamente se apuntaron los cañones al interlocutor habitual en estos casos, el gerente del club, Alberto Burri, quien ha sabido tener conflictos de relación con varios integrantes del mundo Quilmes. Sin embargo, malas formas aparte, también pareció responder al corte en la contratación de los servicios de unas quince personas adicionales a las “fijas” del club en esta materia, luego de la pérdida de la categoría, entendiendo que ya no son necesarias en el marco de una menor asistencia de público y un recorte presupuestario. Estos trabajadores serían todos de la nómina de Boca Juniors, lo cual también generó suspicacias dentro de la dirigencia entendiendo que en el accionar podía haber una lógica extorsiva. Lo cierto es que tras declaraciones fuertes del delegado de la rama por reunión del gremio, la postura estuvo endurecida hasta la reunión apenas tres horas antes del partido; en realidad una asamblea de la cual terminaron participando, en este caso, también los empleadores.
Tras un inicio de charla ameno según cuentan donde parecía todo encaminarse al acuerdo, en el final el pedido versó sobre la entrega en el acto de unos setenta y seis mil pesos correspondientes a las diferencias de liquidación que sostenían los trabajadores que existieron. Allí todo se complicó y se hizo oficial la comunicación de que el partido iba a “puertas cerradas”. Comienza el escándalo de la gente enardecida en redes sociales y medios por no disponer de una de las pocas cosas que le queda; el fútbol. A partir de allí es que hubo un cambio de manos en la mediación y fue Lucas Araujo finalmente quien, promesa del dinero mediante a través de la recaudación del día, logró destrabar la cuestión. Faltando cincuenta minutos para el cotejo se termina iniciando el operativo de servicio de UTEDYC y la gente pudo asistir normalmente al encuentro, más allá de que afectó el número final de espectadores.
Sin embargo la resolución del conflicto abrió otros “sub conflictos” en el ámbito político y administrativo se podría decir. Es que rápidamente la imagen del “logro” del acuerdo pareció tener color en lo que termina siendo una especie de disputa interna entre las agrupaciones del oficialismo. A la vez, la imagen más golpeada pareció ser la del gerente del club que nuevamente se vio en el foco de un conflicto. Esto lo estaría haciendo analizar su continuidad tras la repetición de episodios.
Todo lo que una diferencia de setenta y seis mil pesos desató el fin de semana da cuenta de la fragilidad institucional del club en este momento, donde lo que por la mañana puede ser solución, por la tarde puede ser problema y viceversa. Habrá quienes capitalicen este momento y aquellos que lo sufran; en el medio, QAC sigue desafiando a la capacidad de sor-presa ¡parió la abuela!