Por Walter Di Giuseppe | Dijera otrora el General Perón, parafraseando un dicho de su padre: “Yo tenía un perro que se llamaba León, y yo lo llamaba…León, León y León venía, pero sabía que no era león, era un perro, lo mismo pasa con algunos que se llaman peronistas y yo los llamo y vienen, pero ya sé que no son peronistas”.

Así, con una profunda autocritica, me es imperioso reflexionar sobre este nuevo y próximo 17 de octubre, fecha culmine, si la hay; para quienes abrazamos la ideología peronista de la justicia social.

He escuchado a lo largo de los años alguna terminología gastronómica para quienes cambian de un lado al otro de intereses, bandos o líneas políticas. Y como todo llega en esta vida, lo he escuchado también recientemente de mí.  Mucho se dice y se dirá y realmente poco me importa, pero me estoy viniendo viejo y algunas cosas ya no las trago como antes. Máxime cuando se habla de lealtad.

Por alguna circunstancia de la vida yo no traiciono!. Jamás lo he hecho y jamás lo haré. Pero principalmente no lo hago para conmigo. Algunas máximas de la política contemporánea como por ejemplo “…te acompaño hasta la puerta del cementerio pero no entro…” no corren conmigo. Yo soy leal. Entrare y veré como te ayudo a salir, pero no me quedo mirando. No es de buena gente y mucho menos de peronista donde existen máximas que echan por tierra estas creencias mundanas.

Días atrás, en una nueva conmemoración del cumpleaños de nuestro referente máximo Juan Domingo Perón, escribí este tweet: “Querido Juan, en argentina no hay que erradicar al peronismo, sino a aquellos que se valieron de tu masivo acompañamiento para desvirtuar tus enseñanzas a su conveniencia; y vienen por anos tergiversando tus palabras y consignas.”

Todo se fue degenerando tanto que hasta los realmente leales somos atacados de traidores, y los realmente traidores son vistos como leales. Pero… estos últimos, a quien le rinde pleitesía y supuesta lealtad? Claro está que no al peronismo ni a su doctrina. Hace ya rato que en nuestro país la dirigencia que se supo identificar dentro de este espacio frentista solo le es leal a su propia orga, a sus propios intereses mezquinos que distan abismalmente de ser los intereses del pueblo. Una cofradía que se recicla constantemente como chancho en el barro. Que se atacan, destruyen, odian, traicionan hasta el hartazgo, y luego, por arte de magia, léase magia : necesidad, terminan todos amontonados en una gran foto.

Pero claro, aquellos que vamos abriendo los ojos a lo largo de la vida y seguimos leales a nuestras convicciones más profundas, en contra de crecer en algún espacio donde se sostienen cosas como que “en el país de los ciegos el tuerto es rey” o “el que se calienta, pierde” o “ahora hay que hacer la plancha” y muchas otras sartas de pavada más que solo hacen prostituir a la tropa; estos que no transamos, que no pudieron subsumirnos económicamente, ideológicamente o por cualquier método posible aunque ruin que justifique lograr dicho objetivo, estos debemos ser atacados porque no solo somos su antítesis sino la prueba cabal y fehaciente que se puede ser digno también en medio de la bosta.

Cuando en la era menemista no se concordaban las cosas con los principios de la justicia social, ahí fuimos a conformar un Partido Político nuevo, el Polo Social con el Padre Luis y muchos compañeros descreídos. Luego volvimos tras de Néstor, creímos que se podía cambiar el rumbo y la historia de una argentina aletargada por décadas. Fui creciendo, y tal cual Mario Tomas Perón a su hijo, esa “…lección no la he olvidado jamás y cuando me cuentan a mí una cosa, la medito profundamente” (Enrique Pavón Pereyra. YO PERON, pág.27. Edit. M.I.L. S.A. Bs. As. 1993). Así volví a centrarme en mi propio eje, y con el lavagnismo intente otra patriada por fuera de un Frente que ya no me representaba, constituyendo una fuerza vecinalista como Identidad Quilmeña. Así lo vuelvo a hacer desde HACEMOS, dentro de la Alianza Juntos, y así lo seguiré haciendo siempre fiel a mis principios y convicciones, siempre leal a las enseñanzas de un líder que marcó una época.

Otro 17 de octubre que se llevará nuevos traidores. Otra fecha que se enarbolaran banderas de supuestos herederos que jamás fuero, ni siquiera, nombrados; y hasta profanan día a día esa hermosa historia de plenitud y alegría de aquellos días. Otra vez conmemoraremos el día de La Lealtad, para algunos algo muy profundo que hoy puedo enumerar con un orden progresivo, primero a mis hijos y familia, a mis amigos, a mis seres queridos en general, y a aquellos que me han demostrado dignos de esa lealtad como los Combatientes de Malvinas, los empleados Municipales, la Comunidad India Quilmes, el Colectivo de Discapacidad, y otros tantos afines; banderas que sostengo desde mi trabajo y mi sed de justicia, pilares en la educación, el respeto, el honor, la dignidad y la hombría de bien, y por sobre todas las cosas esta sensación inexplicable que sigo teniendo de sentirme un patriota. Gs