Hace tres años partía un artista sensible y multifacético: Oscar “Tacho” Soto Los árboles están tristes. En la edición de papel tuvimos esta semana el acto fallido de publicar aquella nota hoy de 2017, justo hoy, cuando se cumplen 36 meses de su vuelo eterno. Nada es casual…
Oscar ‘Tacho’ Soto era un tipo sensible, un artista mundano y multifacético, un hombre que amaba y cuidaba la naturaleza en el ámbito cotidiano, acá mismo, donde vivimos a diario…
‘Tacho’ era un minucioso amante y cuidador de los árboles, tenía con ellos una conexión fantástica. Otro vecino quilmeño que nos hace falta, sobre todo, y fundamentalmente, por los pasos que fue marcando…
El profesor ‘Chalo’ Agnelli escribió en su blog “El Quilmero” que “el 23 de setiembre de este 2020, por la noche, Tacho Soto se fue a plantar árboles a otras dimensiones, por supuesto que llevó su guitarra, su poesía y los instrumentos necesarios para trazar en arcilla sus sueños. Tenía tan sólo 69 años y un bagaje incalculable de proyectos. Desde los inicios de la Asociación Los Quilmeros se unió con entusiasmo y fue quien puso música a la presentación de nuestro primer libro en el auditorio del Banco Credicoop, con su bonomía, su hombría de bien y su mensaje positivo. Además fue un consecuente colaborador de la Biblioteca Popular Pedro Goyena. Los árboles de Quilmes se estremecieron…”
Oscar fue un gran artista: músico, plástico y fundador de “Árboles por la Vida”. Esta tarea de sembrador lo llevó a peregrinar a distintas geografías del país junto a su guitarra y canciones. Los que lo conocimos y lo admiramos y  tuvimos el honor de compartir amistad con él, estamos muy tristes. Era una gran persona. Lo recordaremos con afecto y gratitud. Oscar…te vamos a extrañar mucho”.
“Constantemente -recuerda Agnelli- me consultaba sobre personas, sucesos y rincones de Quilmes, para las letras de su música y luego venía a mi casa a que juzgara sus composiciones. Yo de música no sé nada, salvo las emociones que me despierta y poco podía ofrecerle. Nuestro último diálogo fue por facebook el 13 de setiembre, 10 días antes de su partida: ¡Que tal querido Chalo! ¿Cómo andás? Espero que bien. Una pregunta: ¿Cerca de la estación de Quilmes, había un boliche que se llamaba PIQUÍN? Gracias querido Chalo”.
La siguiente biografía la hicimos juntos los primeros meses del 2012, se publicó en mayo de ese año y hoy la reedito en su memoria:
EL ÁRBOL DE LA BUENA SOMBRA
Cuando historiamos la biografía de don Andrés Baranda, recordamos que por su pasión por los árboles y por Quilmes, el pueblo que adoptó como suyo, los vecinos lo apodaron “el árbol de la buena sombra”. Baranda murió en 1880 y pasaron muchas décadas antes de que dicho calificativo recayera en alguien y esa persona, hoy, es Tacho Soto, a quien en algunas semblanzas designan “poeta, cantor, conservacionista”, pero esos tres atributos no alcanzan.
Nació el 14 de diciembre de 1947, en la esquina de Sarmiento y Alsina, en el seno de una familia de lejano y hondo arraigo a este suelo. Tacho es un auténtico ‘quilmero’. En la casa donde se crió, desde la época de Rosas, estuvo el solar de don Francisco Soto y antes perteneció a Juan de la Cruz Márquez, de origen quilme, según el plano de 1818, realizado por agrimensor Francisco Mensura. Muchos de sus antepasados fueron protagonistas de la historia local, durante el período de la tercera fundación de Quilmes. Manuel Doroteo Soto fue municipal (concejal) desde 1870 hasta 1875 en que resultó electo juez de paz. Este criollo fue uno de los municipales que en 1873, impulsados por el Dr. José Antonio Wilde, lograron suplir el alumbrado público con velas de sebo por el querosén, iluminando el progreso del pueblito que recién estrenaba ferrocarril (1872).