Se nota que a Javier Silberman le apasiona lo que hace. Desde hace más de 20 años, creó la Fundación San Mateo en la que todavía trabaja, una ONG dedicada a la asistencia y a la recuperación por el consumo de sustancias. En 2019, se sumó a la convocatoria de Jorge Ruiz para formar parte de la Mesa Nacional de Adicciones, un espacio plural con el objetivo común de ayudar cada día en la recuperación de más personas. 

En su rol de Secretario general de la Mesa Nacional de Adicciones, Silberman nos cuenta quiénes la integran, cómo logran consenso entre grupos diversos, qué puntos de la ley 26.657 (Ley de Salud Mental) merecen debatirse y habla de la necesidad de crear una ley específica de adicciones.

 ¿Cuándo se creó la Mesa Nacional de Adicciones y con qué propósitos?

La Mesa Nacional se creó en 2019, es un espacio bastante joven. Se creó por iniciativa de Jorge Ruiz, una persona con muchos años de experiencia en recuperación de adicciones, que en 1986 fundó Aser, una de las primeras comunidades terapéuticas junto con el Programa Andrés. Él fue quien detectó la necesidad de unirnos ante algunos embates y ante la Ley Nacional de Salud Mental, que proponía el fin de las comunidades terapéuticas para el 2020.

¿Cuántas entidades la integran?

Con la Mesa Nacional entendimos que debemos ser un espacio plural, porque yendo solos no íbamos a llegar muy lejos. Hoy la Mesa Nacional está conformada por la Pastoral Nacional en Adicciones, del Padre Pepe; ACIERA, que representa a las Iglesias Evangélicas, y el Programa Vida que es parte de ACIERA; FONGA, una organización con muchos años y socios que agrupa a las comunidades terapéuticas;  Madres contra el Paco, una agrupación muy conocida; Madres Territoriales, a nivel nacional, y Madres del Ser; AEA (Asociación de Especialistas en Adicciones); CAAVS; CIFRA; el área de Adicciones del Foro de Habitantes a Ciudadanos; el Foro de Santa Fe; Narcóticos Anónimos y también invitamos a Seres Libres a una reunión.

Nosotros entendemos que toda recuperación es posible y abrazamos a todos. Entendemos que cada persona tiene una experiencia distinta, y que lo importante es que sean instituciones que estén comprometidas, que haya pasión y amor, y sobre todo, que haya restitución de derechos y que no existan las prácticas manicomiales. Empezamos a militar un espacio conformado por personas donde no todos pensamos igual políticamente pero sí compartimos una mirada enfocada en el otro, en la recuperación, en el compromiso, en que se necesitan más dispositivos.

¿Cómo se construye el diálogo entre grupos tan diversos?

El objetivo es común, y eso nos ayuda a que no tengamos tantas dificultades en el día a día. La gente con la  que estamos es toda gente buena y con buenas intenciones. Después, veremos las formas: hay algunos que quieren llevar las cosas de una manera, otros tienen un pensamiento más estratégico, pero en el fondo buscamos todos lo mismo. Por lo menos, hasta el día de hoy hemos venido trabajando así. A veces si hay algún cortocircuito, tiene que ver más con los egos, pero no con los temas. Cada vez que nos sentamos con los funcionarios o con Sedronar, los temas son los mismos, tratamos de ser representativos e incluir a todos. Eso hace que manejemos casi el mismo idioma. En algunos temas es necesario construir una mirada y construir alianzas. No puede haber divisiones o grietas. Por eso, estamos convencidos de que para que pueda surgir una ley específica necesitamos tender puentes con todos y con todas. Si no es así, no hay posibilidades de que salga nada. Somos soñadores los que estamos acá y perseguimos utopías. Por eso nos metimos y por eso militamos este trabajo. Y creemos que un solo pibe que salga del consumo, es un éxito. Porque nadie se merece vivir en una situación de dolor absoluto y oscuridad como viven algunos pibes. Nos ponemos de acuerdo porque vamos por ese lado.

¿Cuáles son las objeciones que plantea la Mesa Nacional de Adicciones frente a la Ley de Salud Mental?

Como muchos de los especialistas que trabajamos en esto, nosotros entendemos que las adicciones entraron por la ventana en la ley, que la ley fue pensada para la salud mental más con una mirada psiquiátrica del tema, y que las adicciones requieren una intervención diferente, una asistencia distinta y que las comunidades terapéuticas específicamente vienen trabajando con modelos interdisciplinarios centrados en la persona desde hace muchos años. Estamos convencidos de que hay una gran responsabilidad nuestra, como actores del área, en no haber difundido más lo que hacemos, porque me parece que se ha hecho mucho pero, como se dice, desde la trinchera.

Venimos trabajando en los marcos normativos que nos den continuidad a las comunidades terapéuticas para que también se puedan armar comunidades nuevas, que sean financiadas, cosa que no venía pasando. Necesitamos poder revisar los protocolos del acceso a tratamientos de manera involuntaria. Sigue habiendo un déficit muy grande. Aunque algunos se enojan, estamos militando una ley específica, porque la Ley de Salud Mental nos puso un piso que tiene que ver con los derechos, pero le exigimos más. La no práctica manicomial es algo que se puede exigir y estamos convencidos -y hasta ahora no hay nadie que lo pueda refutar– de que la ley de salud mental (a la que abrazamos en su espíritu) no fue pensada para las adicciones.

¿Por qué la necesidad de crear una ley específica de adicciones?

La Ley de Salud Mental termina casi judicializando a las personas y no habla de la prevención. Nosotros estamos convencidos de que tiene que ser un paquete completo que incluya hablar de verdad del problema de las drogas, hablar de prevención primaria del consumo, poder tener recursos para fortalecer a todos y que además haya un capítulo de asistencia. Pero tenemos que llegar antes, y para eso nos tiene que incluir a todos.

La Ley de Salud Mental tiene una mirada individual del ser humano porque habla de que «si querés consumir, consumí», y nosotros lo vemos como una persona que es parte de una comunidad. Y tenemos que actuar de verdad para sacar a los que están más rotos. Porque el que pide ayuda, está un poquito menos roto que el otro. Nosotros tenemos que poder trabajar con el chico o la chica que la están pasando mal de verdad y que no pueden pedir ayuda. Después veremos cómo: en qué plazos, de qué modo, qué actores deberían entrar en acción. Es mucho el dolor que sentimos cuando se acercan familiares que nos dicen: «A mi hijo no lo pude internar, no quiso internarse y se suicidó».

Estamos convencidos de trabajar para lo que viene. Lo que ya no se hizo, no lo vamos a lamentar. Pero necesitamos un marco que nos ayude a que se deba hablar de drogas y de consumo, que haya un micro en los canales más importantes y que un programa como Seres Libres tenga mayor difusión. Tenemos hoy interlocutores con quienes trabajamos muy bien en conjunto, como Sedronar.

No estamos a favor de una internación con privación de libertad. Entendemos que una internación es un corte, una foto en la película de una persona. No somos internadores compulsivos ni seriales, pero tenemos que buscar alguna forma de ayudar a quien no se quiere dejar ayudar. No nos vengan a decir: «tiene derecho a consumir si no afecta a nadie». Siempre hay un otro: mamá, papá, tío, tía, novia, amigo. Es clave poder pensarnos que todos somos parte de una comunidad y todos tenemos una responsabilidad. Muchos conocemos a varios que se quedaron en el camino y quizás con más herramientas, podríamos habernos cercado antes y mejor.

Ha habido mucha carga ideológica en ciertas miradas sobre la adicción y me parece que la única ideología que debemos tener es la de abrazar la recuperación. Una vida sin drogas es una vida más sana, aunque alguno te diga que era feliz mientas consumía.

¿Qué le recomendarías a alguien que quiere empezar el camino de la recuperación?

Que pida ayuda porque hay mucha gente tratando de ayudar. Que no tenga miedos. Me parece que lo bueno de esta época es que hay muchos menos estigmas con algunas cosas. Que hay que salir de esto. Que el consumo de drogas nunca te lleva al placer que es solo momentáneo. Que el displacer es mayor que el placer.

Alguien sabe cómo empieza con el consumo pero nadie sabe cómo termina. Muchos que alguna vez se tomaron una línea si hubiesen sabido lo mal que la iban a pasar después, tal vez no lo habrían hecho. Hay que hablar, las familias tienen que hablar. Que se den cuenta de que las drogas no tapan el dolor, solamente lo anestesian un poquito, pero después lo único que hace es que el dolor sea más grande.

¿Y a los familiares?

Las familias tienen que involucrarse. Sabemos que la persona que atraviesa una adicción por momentos nos agota, nos hace enojar mucho, pero hay que entender que esa persona está enferma. Y como tal hay que entenderlo, hay que participar, hay que preguntarse a nivel familiar porqué nos pasa lo que nos pasa. Estamos en una sociedad de consumo donde todo nos invita a que consumamos y que estemos bien. La familia tiene que cumplir un rol de poner en palabras los problemas, de involucrarse. Nos puede pasar a todos, nadie está afuera de esto. Cualquiera puede tener problemas con las drogas. Y lo que hay que hacer es estar atentos, cuidar. Si tu hijo o hija salen a bailar, levantate a la mañana, recibilo, miralo cómo viene y abrazalo que los abrazos son sanadores. Porque después es tarde.

Desde su creación a hoy, ¿cuáles considerás que son los logros de la Mesa Nacional de Adicciones?

Hemos construido un espacio de referencia a nivel nacional. Esto no sería posible sin la generosidad de cada una de las partes que forman la Mesa Nacional. La Mesa somos cada una de las organizaciones que la integran, pero juntos hemos logrado ser un interlocutor válido, sentarnos en mesas de trabajo, compartir espacios y llegar a una visión conjunta que busca incluir a todas las provincias. Y el camino es dejar una Mesa Nacional fuerte para los que vengan. Después de la pandemia, tenemos que pensar qué tipo de sociedad queremos. Por eso la Mesa se sigue construyendo, hay muchas familias atrás nuestro, mucha gente que logró la recuperación. Hay que tratar de que mejore el funcionamiento de las instituciones, que haya un piso, que haya más programas de mejor calidad y necesitamos que no solo se restituyan derechos sino que se restituya la calidad de vida a tantos anónimos que hay hoy con tanto dolor.

¿Qué aportes considerás que hace Seres Libres en torno al tema de la recuperación?

Fundamentalmente lleva a la mesa de la gente una realidad y no desde una mirada de mostrar a dos pibitos fumando paco en una esquina, que decís: «¿Vos lo estás filmando y no hacés nada?». Lo que hace Seres Libres es mostrar cómo ese pibe logró salir de su adicción. Como hablábamos en un momento con Gastón, hay una gran responsabilidad en Seres Libres porque tomó una posta que es ser la voz de muchos y que es necesario visibilizar más. Cada vez tiene que haber más dispositivos. Seres Libres pone en agenda un tema que todos saben pero que no se habla.