(Por Christian Skrilec) El 2019 fue un año demasiado largo, si se me permite la metáfora, porque como usted sabe, todos los años duran lo mismo, salvo los bisiestos que tienen un día más. Pero el año fue largo y las dificultades lo hicieron interminable. La política no está dando soluciones, o mejor dicho, no dio soluciones a lo largo de todo el año.
Al fin de cuentas, al vecino de pie, sea cual fuera su situación económico social, no le importa si la crisis se originó en abril del 2018 o hace 70 años, como le gustaba repetir a los voceros de Cambiemos. Tampoco le importa si el que trae las respuestas es un soldado de Perón o un antiperonista confeso. Al vecino de a pie le importan las soluciones.
Pueden envolverlo en discursos, taparlo con consignas, taladrarle la cabeza con publicidades saturando las redes sociales con mensajes, o financiando cachivaches de televisión para que le digan que pasa lo que no pasa. Pero tarde o temprano, la realidad viene como un tsunami y se queda parado con el agua hasta las rodillas mirando como se le voló el techo.
“Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo… se puede engañar a algunos todo el tiempo… pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”, dijo alguna vez Abraham Lincoln y puso una de la piedras fundamentales de la política moderna. Una cosa es vender ilusiones y promover esperan-zas, y otra muy distinta es decir que esas ilusiones se hicieron realidad. Se miente demasiado y la gente se cansa.
Perdimos la tolerancia, no aguantamos el disenso, hay una vocación desmedida por el enfrentamiento y la descalificación. Así no se construye. Las redes sociales son una cloaca. El periodismo un negocio. La política un medio para llegar al poder y mantenerse en él. Así se destruye.
Entonces hay que barajar y dar de nuevo. Con estas cartas no se puede jugar. No acepto un gobierno que no gobierne para las mayo-rías, y entiendo que ningún tipo sensato pueda aceptarlo. También reconozco que no se puede gobernar para todos, pero al menos se puede intentar. Tampoco se puede gobernar para algunos, porque los perjudicados, los que quedan afuera de las políticas del gobierno se defienden atacando.
El tejido social está roto, la desigualdad creció y crece a un ritmo preocupante. No hay dos países distintos, hay tres o cuatro planetas diferentes. La política necesita redimirse y construir puentes entre esos mundos separados. Hay que recuperar la educación y el trabajo. Si se logra, como dijimos, el vecino de a pie, el ciudadano común, va a estar agradecido y va a superar las barreras que le impiden ver del otro lado.
La política en general tiene un desafío enorme, que es salir de este atolladero, y no se puede lograr si se desconoce la crisis. Le guste a quien le guste, estamos en crisis, y en algunas áreas de la vida social, en emergencia. Me cuesta entender que haya gente que crea lo contrario.
Nadie quiere vivir en un país destrozado ni en una ciudad sumergida. Como suele decirse, “la única salvación individual es para los náufragos”.
El año 2020 puede ser una bisagra en la historia reciente. Cada vez hay menos margen para el error y los experimentos. Estamos en una serie interminable donde cada temporada es más difícil de sobrellevar que la anterior, y eso tiene que cambiar.
Me permito en ésta, que es la última “Antitapa” del año de El Suburbano, alejarme del día a día, del puterío, de la “realpolitik” y de todas esas cosas a las que en este trabajo uno se acostumbra a escribir. Entiendo que puedo parecer un poco pesimista y tener cierto condimento apocalíptico, pero como decía Julio Cortázar, “la única verdad está en la calle”, y si hay algo que falta en la calle de cualquiera de los distritos del conurbano, es alegría. Si bien es cierto que en algunos ha prendido la esperanza, es una esperanza expectante y medida. La acumulación de frustraciones te saca las ganas.
No hay clima navideño, no hay euforia por fin de año. La preocupación es el denominador común de múltiples sectores. Sin embargo, recomiendo que brindes, sea con una buena sidra o con una mala cerveza, este año se termina y muy posiblemente sea para el olvido, pero siempre está la posibilidad que el próximo sea para el recuerdo. Chinchín, felicidades.
Gracias por leer.