El obispo de Quilmes y presidente de Cáritas Argentina, Carlos José Tissera, visitó la ciudad cordobesa de San Francisco para participar de las celebraciones centrales por los 60 años de la diócesis.

Al reflexionar sobre la realidad actual y los desafíos de la Argentina en este tiempo, Tissera le afirmó en una entrevista al periódico «La Voz de San Justo» que «todo aquí es plena ciudad, urbe, el cinturón del conurbano bonaerense donde hay muchas necesidades. El conurbano es lo primero que se rompe cuando pasa algo en el país, allí cruje todo».

Y respecto a la situación a raíz de la pandemia, reconoció que «se han vivido momentos de mucho dolor, mucho sufrimiento y desesperanza. En todo el mundo la pandemia ha sido un gran desafío. La pandemia nos está enseñando a ser más humanos, como la enseñanza del propio San Francisco de Asís que nos llama a ser hermanos. Estos diez años en Quilmes han sido de un aprendizaje muy grande para mí».

El prelado se refirió luego al drama de la pobreza, que afecta a casi 18,6 millones de argentinos. «En primer lugar, debo lamentar que en nuestro país nos acostumbramos a hablar de la pobreza y no hablamos de los pobres, de las personas. Eso es muy importante porque la misión de la Iglesia pasa por abordar a las personas concretas. Eso es lo que también procura hacer Cáritas, creando vínculos entre la sociedad y los que sufren, los excluidos, los descartados del sistema».

El sistema, consideró, «claramente no funciona y además hace que cada vez haya más pobres. Las riquezas quedaron cada vez más en pocas manos al mismo tiempo que crecen las masas de gente descartada».

“Desde Cáritas procuramos estar al servicio de las personas que sufren las consecuencias de la pobreza, siempre acompañando a través de su propio trabajo, mediante el descubrimiento de lo que cada uno es capaz de realizar. Cáritas no busca ser una institución de limosnas, sino que trabajamos para fortalecer la dignidad de las personas dándoles los medios para que puedan ser protagonistas de su propia vida», explicó.

Consultado sobre las acciones de la dirigencia política para terminar con la pobreza, consideró que «se hace, pero es muy poco». Y agregó: «En la dirigencia política argentina hay de todo, pero si hablamos de quienes hoy ocupan puestos de gobierno están los que se ocupan y tienen en cuenta un montón de cosas mientras que otros sólo están ocupando un cargo. En ese contexto creo que la mayoría de los dirigentes están preocupados por la situación actual. En los ministerios se encuentra a personas más accesibles y otras no tanto, porque tienen otras miradas que no son tan integrales como lo que uno espera para los pobres».

«Como dirigente eclesiástico, dentro de mi diócesis de Quilmes nos hemos visto en figurillas para llevar adelante todo el trabajo que se realiza en las parroquias, las capillas y la vida espiritual de la gente, acompañándolos en sus necesidades. En ese contexto hemos tratado de hacerlo lo mejor posible, aunque seguramente fue insuficiente para muchos», lamentó.