Elisa Carrió suele ser la política más ambigua del país, sin dudas. Esto suele traerle beneficios, sin embargo cada día se nota más….

Cuestiona a los que viven del Estado y siempre cobró de él, incluso desde épocas en donde no se podía votar en este país. Lilita cuestiona – con razón- a opositores ‘bon vivant’ que se llevan la plata afuera, y ella misma viaja al exterior al menos seis veces al año; y vive en una chacra que sería envidia de cualquier cuentapropista . La diputada nacional Carrió criticó la patria contratista y terminó siendo la principal socia.

Pero vayamos a lo más “pequeño”, si se quiere, al pago chico. No sólo dejó de criticar y cuestionar al juez federal quilmeño, Luis Armella, que años atrás tenía de punto, sino que además pareciera darle ordenes que son correspondidas cada vez que lo necesita, sobre todo luego de aquel jury que parecía cortarle la cabeza.  Otros magistrados como el hombre de Ranelagh,  funcionarios judiciales dan la misma sensación de genuflexismo.

En el plano estrictamente político local, uno de sus brazos políticos más fuertes y mediáticos, el diputado nacional Toty Flores bajó a Quilmes e hizo una alianza estratégica con el molinismo. Dicen que le dará una mano gracias a su experiencia territorial en la siempre complicada Matanza. Hasta ahí estaría todo bien, salvo que una empleada suya, otra quilmeña, la abogada mediática Mónica Frade, con un sueldo de casi cien mil pesos de la propia Cámara, dinamita cada vez que puede, desde bares y oficinas, la gestión de Martiniano Molina, casi siempre en alianza con otros Cambiemos enojados y unos pocos medios afínes.

Mientras Frade dice ser la cara quilmeña de Lilita, Toty hizo su alianza política con el gobierno quilmeño. Nunca nadie termina de saber cuál de todas es la verdadera Carrió. Ese juego de ambigüedades y doble discurso que viene desde la dictadura hablándonos de moral. Pura moralina.

Adrián Di Nucci