(Por Christian Skrilec) El conflicto se manifestó inevitable cuando la idea de recuperar Quilmes tomó forma de certeza. El peronismo está convencido que en octubre del año que viene se gana el distrito. Las razones son múltiples, pero esencialmente son tres: las mediciones de las encuestas sobre la candidatura de Cristina Kirchner; la crisis económica en el conurbano; y una gestión endeble de Martiniano Molina.

El razonamiento no carece de sensatez. Las encuestas, cualquiera de ellas, indican que CFK promedia un mínimo de 46 puntos de intención de voto en la Tercera Sección electoral, con picos de más de 50 y un piso de 40. Si bien las encuestas no son definitivas, la tendencia es continua y se asienta en el tiempo.

La crisis económica en el conurbano pega con intensidad. La recesión es un hecho y el humor social está erosionado por los malabares que hace la mayoría para llegar a fin de mes y sostener su estándar de vida. Si hay recuperación económica, será mucho más lenta por estos pagos.

En lo estrictamente local, si bien se reconoce la persistente buena imagen del intendente Martiniano Molina, no está exento del deterioro que le provocan las políticas nacionales. Por su parte, el gobierno de Molina sigue haciendo agua en dos temas esenciales para su gestión, y fundamentalmente para sus propios votantes: la seguridad y el servicio público.

En este marco el peronismo se convence y todos juegan. Unidad Ciudadana en Quilmes sufre de una fragmentación superior a la mayoría de los distritos, que a lo sumo tienen que lidiar con los cortocircuitos, algunos de ellos de alto voltaje, entre camporistas y pejotistas.

Quien prendió la mecha en la ciudad fue el diputado nacional Agustín Rossi, quien muy suelto de cuerpo aseguró en una presentación que su colega Mayra Mendoza iba a ser la próxima intendenta. Si bien Rossi nunca se caracterizó por sus habilidades políticas ni La Cámpora por las sutilezas, era obvio que su verborragia iba a traer consecuencias.

También es cierto que el concejal Ángel García ya había iniciado su campaña con una impronta tradicional de apertura de locales y recorrido territorial, su candidatura no era manifiesta, como si lo fue después de ese anuncio sumando cartelería en vía pública y acelerando su ruptura con La Cámpora en el Concejo Deliberante.

Pero la lengua de Rossi y la exhibición de la lapicera K que porta Mayra Mendoza, sin duda una de las dirigentes más cercanas a Cristina, activó al ex ministro Aníbal Fernández, quien lo mandó a Rossi de vuelta a Santa Fe y aseguró que su agrupación presentará un candidato para competir con Mendoza. Aníbal es uno de los convencidos que la recuperación del distrito para el peronismo es un hecho, y eso lo vuelve un jugador resbaladizo.

A esto se suma el inminente lanzamiento del ex intendente Francisco “Barba” Gutiérrez, que considera que la base electoral que lo puso durante dos períodos al frente de Alberdi al 500, puede recuperarse una vez anunciada su candidatura. Obviamente, que estos no son los únicos actores en la disputa, pero son los que cuentan con mayor capacidad para absorber al resto.

Este contexto genera una solución automática al problema: la interna. Pero esa solución no está garantizada. Las dos tendencias del análisis son concretas. La primera es que una candidatura de Cristina con expectativas de retorno, renueva su fortaleza para aplicar su discrecionalidad a lahora de elegir candidatos, sea a legisladores de cualquier tipo o intendentes, para decirlo vulgarmente, será su dedo el que defina. Esto pone a Mayra en una posición de privilegio casi inexpugnable.

La segunda opción empieza a explicarse con esa foto inimaginable tres años atrás, para la que posaron alegremente el Barba Gutiérrez y Aníbal Fernández. Ambos debieron soportar elecciones internas para definir el candidato distrital cuando tenían óptimas condiciones de poder. Fernández en el 2007, pese a ser el referente de la intendencia de Sergio Villordo y un ministro plenipotenciario de los K; y el Barba en el 2011 y el 2015, a pesar de ser el Intendente y tener el respaldo gremial de la UOM nacional. Los dos están en condiciones de presionar para que no quede otra opción que dirimir candidaturas en una interna. Lo veremos.

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