Finalizaba un martirio de once años de ilusiones fatalmente frustradas. Una tras otra. El gordo en la desesperación por ponerle palabras a momento visagra, halló un ruego, o un reto tal vez, de su propia madre. En lo profundo de su ser, Adrián recordó cuando la vieja se enculaba con él y con su hermano en el patio de una casa humilde de Quilmes Oeste. Y tiró eso. Al referí, Baldassi, como una madre a un hijo, le pidió lo que anhelábamos todos.

Pero, en la que siguió a esa oración, en el epílogo del relato contra Argentinos que coronó el tan ansiado ascenso, un frío 5 de julio del año 2003, en esa siguiente frase está el profundo sentimiento popular de Adrián Di Blasi: “Por la alegría de un pueblo, Héctor, terminalo”.

Adrián lo pedía por él. Por su vieja. Por su hermano. Pero, sobre todo, lo añoraba por el pueblo. Por su pueblo. Las miles de personas sufridas de un club incómodo de un país devastado que Adrián, en ese preciso instante, interpretó como nadie jamás.

Acaba de partir un relator del pueblo y para el pueblo. Que hizo su trabajo con una pasión y un profesionalismo sin parangón y que, al mismo tiempo, se mimetizó con la madera de su pueblo y dió las batallas que tenía que dar. Resignando unanimidad por lealtad a los principios.

En el medio de este pozo ciego que se ha abierto con la partida del gordo, cabe preguntarse: ¿Quién estirará la “i” de “Quilmes” hasta el infinito cuando cante un gol del cervecero? Pero también: ¿Quién tendrá la osadía de batir la justa a como dé lugar? ¿Quién le pondrá voz a las verdades populares que tanto incomodan a los poderosos de todas las épocas? ¿Habrá voces que no tiemblen al enfrentarse a los dueños del circo?

Gritó los goles de Quilmes como ya nadie lo hará. Y le puso los verbos a las mejores causas nacionales. Sus epopeyas serán difíciles de emular. Habrá que intentarlo. Deberá ser un faro para la buena gente del conurbano.

El gordo Di Blasi, un amigo y un compañero, fue un imprescindible que, espero, sea semilla.

Merece todos los reconocimientos y, sobre todo, la paz.