Como todos los años se realizó en el Cruce Varela la tradicional Misa de la Esperaza. Celebración presidida por el obispo de Quilmes, Carlos José Tissera.

En la XXVI Eucaristía, Tissera se dirigió, Junto a sacerdotes de la diócesis, a diáconos, religiosas, y laicos de la diócesis. “A los pobres los tienen siempre con ustedes”, fue el lema de esta celebración, que formó parte de la V Jornada Mundial de los Pobres propuesta por el papa Francisco.

En su homilía, el Obispo mencionó la alegría del encuentro presencial, de poder “vernos las caras, compartir la mesa del fin de semana con familiares y amigos, poder estar junto a la cama de los enfermos, pasar un rato en casa de los abuelos”.

A su vez, reconoció que “la pobreza duele, la falta de trabajo angustia, la enfermedad sigue siendo una preocupación, la inseguridad cunde y golpea fuerte, la violencia institucional se ensaña con los más desprotegidos, la desigualdad es cada vez más marcada, la corrupción se anida en amplios espacios de poder, la democracia es entorpecida por oscuros intereses, la ambición de los poderosos es cada vez más inescrupulosa”.

Asimismo, Tissera se hizo eco de las voces de “las víctimas de la trata de personas, vergonzosa forma de esclavitud; los migrantes, porque queremos marchar hacia un «nosotros» cada vez más grande; los enfermos sin atención o deficiente cuidado; los que no tienen lo suficiente para alimentarse cada día dignamente y deben mendigar el pan por nuestras calles de diversas maneras; los que luchan con el consumo problemático de diversas sustancias, que minan la vida que crece en nuestras familias, en nuestros barrios; los que no tienen tierra, techo ni trabajo».

En ese sentido, consideró que las “tres T” son derechos sagrados. «La pandemia con sus consecuencias en la economía ha agravado la situación de las familias que se han empobrecido», advirtió.

Por otra parte, el prelado invitó a hacer un minuto de silencio por Lucas: “Sumado al dolor de la muerte causado por la pandemia, tenemos que llorar también el dolor de la muerte causado por la violencia de todo tipo. Todo duele y destroza el corazón. Más duele cuando la violencia es institucional. En estas horas, a cuadras de acá, la familia González, de Villa Aurora, está de duelo y despide a Lucas, de 17 años, asesinado por policías que actuaron fuera de la ley, cuando salía de un entrenamiento de fútbol en Barracas. No hay palabras para calificar este hecho tan horrendo”.

En ese marco, valoró el accionar de su familia que, “en medio de tanta congoja, lejos de dejarse llevar por otros sentimientos, reaccionó ejemplarmente decidiendo donar los órganos de Lucas para que otras personas vivan”.

Al finalizar, Tissera cerró su homilía con el recuerdo al siervo de Dios, monseñor Jorge Novak, y compartió un fragmento de la homilía de su última Misa de la Esperanza, celebrada en 2000: “Hay esperanza, porque miles de padres de familia alimentan y aman con ternura a sus hijos. Hay esperanza, porque hoy muchas servidores y servidoras organizan comedores para que niños y ancianos tengan, al menos, una comida al día. Hay esperanza, porque muchos voluntarios están junto a la cama de los enfermos como auxiliares de las familias y de los hospitales. Hay esperanza, porque muchos docentes forman con amor el cerebro y el corazón de las nuevas generaciones. Hay esperanza, porque todavía quedan funcionarios y profesionales honestos.”

Durante la misa, también se leyó el saludo enviado por el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Marcelo “Maxi” Margni, a la comunidad de Quilmes, “Iglesia que me formó en la fe, y cuya impronta está grabada de modo indeleble en mí” (N. de la R.: Lee la carta del obispo «Maxi» en nota aparte en SECCION «DE BUENA FUENTE»).