Por Ezequiel Arauz.

El viernes se realizó con exito el festival de música urbana “Somos Quilmes” en el Parque de la Ciudad. Por supuesto que al aire libre. En ese marco, allí mismo, casi 500 jóvenes completaron su ciclo de vacunación. Quienes no presentaban el comprobante no podían ingresar al lugar del evento. Sin (querer) saber eso, lxs concejales del bloque opositor se limitaron a hacer “denuncias” y literalmente “repudiar” el festival previamente. Como era de esperar, ninguno se tomó el trabajo de ir, ver y controlar en persona lo que – aseguraron, erróneamente –   iba a ocurrir.

La vacunación en nuestro país afortunadamente y por decisión de los gobiernos nacional, provincial y también el local para lo que nos toca, ha alcanzado niveles muy altos, similares e incluso mejores a los de países centrales, aquellos que tienen una situación económica mucha más holgada que la que dejó el gobierno de Macri, sobre la cual luego se desató la pandemia global en nuestro país. En Quilmes lo inoculados alcanzan al 85%. Es un dato a resaltar entre tanto denuncismo vago y de teclado.

No queremos insistir aquí en cuestiones de herencia, pero nos parece justo para enmarcar que se trata de un espacio que cuando le toco gobernar, dejo hasta hospitales sin terminar, bajo argumentos de una muy dudosa austeridad, que se cayó a pedazos a la hora de retornar al niveles de endeudamiento externo récord como el que dejaron.

Para también en Quilmes es rotunda la hipocresía del planteo opositor frente a un festival. Es cierto, los casos están creciendo. Tan cierto como que cuando todavía el país pugnaba por conseguir las vacunas en el mercado mundial, Juntos por el Cambio se dedicaba a infundir miedo y a poner en duda que la intención del gobierno del Frente de Todxs sea vacunar a la mayor parte de la población, cuestión que los hechos desmienten hoy categóricamente.

Las principales figuras locales del frente opositor, el hoy diputado provincial y exintendente Martiniano Molina y la diputada nacional Mónica Frade propusieron públicamente métodos de combatir la pandemia mucho más cercanos a los caprichos personales que a las políticas públicas.

Aun aceptando que la homeopatía y la ingesta de cloro sean buenos métodos – cuestión sobre la cual la mayoría de los mortales tenemos justificadas dudas – es más que obvia la imposibilidad de convertirlas en políticas públicas masivas. Quienes convocaron a movilizaciones en contra de la vacunación, ahora aparecen como preocupadísimos. Algo no cierra.

La actitud es la siguente: mientras hubo medidas restrictivas porque no había vacunas, oponerse; mientras se intentan estrategias que permitan ir saliendo con cuidado de esas restricciones dado el avance innegable de la vacunación, también oponerse. Oponerse y oponerse resignando coherencia mínima. Y hacerlo por redes sociales. Trabajando lo menos posible por todxs los quilmeños.

El festival público y gratuito, destinado al esparcimiento de la juventud, que viene sufriendo la pandemia con sus especificidades propias de la edad, logró que muchos de ellos puedan incluso vacunarse. Se realizó con ingreso controlado, pidiendo comprobante de vacunación y fue numeroso el personal municipal ordenando en el lugar. Ese esfuerzo no lo empañan las denuncias veraniegas de Juntos por el Cambio.