La niebla impidió que comiencen los trabajos que se realizarán de arriba hacia abajo, en tres tramos, por lo que tendrán que desmontar dos veces el andamio, para volver a armarlo en el tramo siguiente.

Lo más difícil de este trabajo no es la pintura, sino llegar a la punta del mástil del puente, ubicada a 39 metros de altura. Para lograrlo, el jueves se terminó la delicada obra de ingeniería de armar un andamio de 40 metros de alto.

La obra es llevada adelante por el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana de la Ciudad. La contratista es Elevare, una firma que forma parte del Grupo L. Su arquitecto, Cristian Losada, analizó junto a los profesionales del Ente de Mantenimiento Urbano Integral porteño (EMUI) cómo llegar hasta la punta del mástil. Y ese fue el gran desafío.

Losada explicó a Clarín que la principal dificultad que debieron superar: "Cómo no es un puente vehicular, sino solo para personas, tiene una capacidad de carga limitada: soporta 400 kilos por metro cuadrado".