Hugo Lamadrid fue cadete y taxista mientras transitaba la Cuarta y la Tercera de Racing. Jugó en varios equipos del fútbol argentino y del exterior. En realidad, del exterior sólo en uno. Y un par de meses. A decir verdad, dos partidos. Pero no los jugó completos. Es director técnico recibido, aunque no recibió ofertas por parte de club alguno del fútbol argentino. Sí fue entrenador de un equipo de country por pocas semanas, hasta que casi se fue a las manos con uno de los vecinos. Una vez retirado, se desempeñó como panadero, vendedor de seguros de vida, y chofer de Uber. Fue encargado de Relaciones Institucionales del Registro Nacional de Personas Menores Extraviadas de la Nación desde 2009 hasta abril de 2017.
Las redes sociales lo empezaron a conocer, primero, como “El Volante Central”, y ya en estos días como “El Triunfador”, llamando la atención de los medios de comunicación que entendieron que era un buen personaje sólo para los programas de radio, es decir, no contaban (ni confían hoy) en que su imagen deje una huella en los medios. Se repite la experiencia de su paso por el fútbol, donde su imagen no quedó inmortalizada en grandes goles, sino en jugadas de incierta caballerosidad deportiva. Hoy, 2020, es Director General de Medios de la Municipalidad de Avellaneda y escribió este libro.
El Renacido, muchas veces es entregado por él mismo a cualquier laburante que así se lo pide, o armando los paquetes para enviarlo al interior y al exterior, o dedicándoselo a algún futbolista actual de las grandes ligas.
‘Lamadrí’ es ese flaco, alto, gigante, rudo y carismático, que se sigue inventando en cada cosa que emprende, en cada gambeta que le presenta la vida.
Un libro que de tan apasionante, se arranca y se termina con intensidad. Con la misma que tuvo El Renacido, contando su ‘Gloria, caída y resurreción de un trabajador del fútbol’.