Martiniano Molina es protagonista de una de las paradojas políticas más inquietantes que se hayan dado en la historia de la ciudad. Es el Intendente de Quilmes que mayor apoyo ha recibido de los poderes centrales, y al mismo tiempo tiene en “la política” a su mayor adversario.

Pero para desarrollar la idea digamos que desde el retorno de la democracia, sea por no pertenecer al mismo sector político, sea producto de las infinitas internas, u otras tantas explicaciones que requerirían innumerables páginas para relatarlas, ningún intendente contó al mismo tiempo con el aval y el apoyo político y económico del gobierno Nacional y del gobierno Provincial.

Lo ocurrido hace pocos días es inequívoco. A mitad de semana, Molina se reunió con el Jefe de Gabinete bonaerense Federico Salvai, y cosechó por efecto transitorio un nuevo gesto de amor de la gobernadora María Eugenia Vidal, quien sigue protegiéndolo como a un soldado de tropa propia. Al fin de semana siguiente, el PRO optó por ejercer su localía nacional en Quilmes, y la Juventud de Cambiemos tuvo su encuentro con la presencia de integrantes de peso del gabinete nacional como Rogelio Frigerio, Patricia Bulrich, Mario Quintana, y el titular de la UCR Nacional y gobernador de Mendoza Mario Cornejo, y por sobre todos ellos, la figura del Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña. Los hechos no son menores, la figura de Molina es un arquetipo capaz de conciliar las ambiciones de sectores inocultablemente antagónicos del PRO sin modificar la sonrisa. Ni la habilidad ni el poder de otros jefes comunales amarillos ha podido lograrlo en dos años.

Esto, que a primera vista aparece como un mérito político envidiable, cuesta explicarse desde los argumentos del juego político tradicional, porque esa política, es la que no acompaña a Martiniano. Es más, es su mayor enemigo. Es redundante confirmar que muchos de los asistentes al encuentro de la juventud, atentan contra el liderazgo de Molina cada vez que pueden.

Esa clase política que es enemiga del Intendente, no es particular, sino que atraviesa a oficialistas y a opositores, hay entre sus filas referentes del Pro, kirchneristas, peronistas, tropa propia, enemigos íntimos y amigos circunstanciales. Pero vayamos a algunos ejemplos, ninguno de los armadores bonaerenses del PRO pivotea sobre la figura de Molina, ni Jorge Macri, ni Alex Campbell, ni Néstor Grindetti le dan un lugar de privilegio en la foto de sus iniciativas, hecho que aún resulta más refractario con el intendente de Lanús, ya que busca convertirse en referente indiscutido de la Tercera Sección.

Otro dato del mismo calibre se obtiene en los “off de record” con cualquier segunda línea de los gobiernos centrales, con legisladores provinciales y hasta con concejales de su propio espacio, que critican con fervor a la gestión de Quilmes. Pese a ello, Molina es el candidato de Vidal, y el anhelo territorial de este lado del riachuelo, tanto de Peña como del Jefe de CABA, Horacio Rodríguez Larreta. A estas alturas, el nivel de conocimiento de Martiniano en el conurbano, y su imagen que supera el cincuenta por ciento de positiva en la ciudad, no alcanzan para explicar el fenómeno ni para desentrañar la paradoja.

Si bien alguno podría caer en el facilismo de creer que Molina es el tipo de hombre que busca el PRO para construir su espacio de presunta nueva política, se debería tomar nota de la respuesta que dio María Eugenia Vidal cuando le preguntaron si este era un gobierno de CEOs alejados de la realidad, la gobernadora Vidal le recordó al entrevistador, que por ejemplo, Horacio Rodríguez Larreta había hecho toda su carrera en el Estado, y que un sin número de dirigentes de primera línea tenía el mismo recorrido. Macri hace política tradicional con nuevas estrategias desde hace más de 20 años cuando ejercía la presidencia de Boca.

Por otra parte, cuando la gestión Molina acciona los habituales engranajes del juego de la política, le hacen ruido, el chirrido da la sensación que la máquina no va a funcionar. La pregunta que hay que hacerse es si vale la pena que Martiniano y los suyos pongan en marcha esa maquinaria, cuando hasta ahora, su estilo particular, más allá de las evaluaciones, le ha permitido consolidarse como Intendente.

 

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Christian Skrilec