(Por Christian Skrilec) Escribo estas líneas cuando aún restan 36 horas para la presentación de alianzas y/o frentes electorales, y probablemente, cuando usted este leyendo, faltarán 10 días para el cierre de listas.  Estos dos hitos preelectorales, se presentan como claves para la futura elección, sin embargo, la suerte parece estar echada, y el resultado es crítico.

La polarización es inevitable. No hay mayor fundamento para la existencia de Cambiemos que el gobierno de Cristina, ni mayores argumentos para la vigencia y la potencia del kirchnerismo que el gobierno de Macri. La opción binaria se consolida y en vez de enriquecer el debate mejorando propuestas y modelos, devalúa el enfrentamiento a la mera negatividad.

Mientras algunos encuestadores audaces todavía sostienen que buena parte de la sociedad (entre un cuarenta o cincuenta por ciento de los votantes) estaría dispuesta a elegir una opción que no fuera las que encabezan Macri o Fernández, los responsables de construir esa opción la destruyeron antes de presentarla.

Las razones pueden ser desde la banalidad monetaria hasta la soberbia senil de alguno de los integrantes de Alternativa Federal, el ego desmedido o la ambición irreal de sus referentes políticos. A resultado visto, no importa. La tercera opción que supuestamente buscaba buena parte de los votantes, se redujo a una expectativa menor sin aspiraciones de poder real, lo que simplemente, la deja fuera de carrera.

Pero para entender el impacto de la polarización creciente, hay que remitirse a los números. En las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias  (PASO) del 2015, esa tercera opción que encabezaba Sergio Massa, superó los 20 puntos en el país. En la última votación, la de octubre del 2017, en la Provincia de Buenos Aires, bastión massista, esa misma tercera opción, apenas superó los 11 puntos porcentuales. Hoy es el propio Massa, convertido en moneda de cambio u objeto de trueque entre el kirchnerismo peronista y el Pro-radical, quién terminaría de sepultar esa tercera opción.

El otro punto a tener en cuenta para captar en su magnitud la ola polarizadora, es la existencia de las dos elecciones, las Paso de agosto y las generales de octubre. Las primeras, más que dirimir candidaturas a través de internas, sirven como una encuesta general inapelable que condiciona el voto posterior. Hasta ahora, las Paso han demostrado que no fortalecen el sistema, dañando las estructuras partidarias, licuando las opciones y favoreciendo a los sectores mayoritarios. Si el resultado de agosto, como se prevé hasta ahora, deja sólo dos competidores fuertes para ganar en octubre, el resto verá como sus votantes migran inevitablemente para elegir entre quienes tienen chances de obtener el triunfo.

Esta polarización, que Cambiemos consolidó hábilmente fundándose en la dialéctica del amigo-enemigo que había enraizado el kirchnerismo, ahora puede jugarle en contra. La combinación de polarización y mal gobierno, puede propinarle una derrota estratégica en la Provincia de Buenos Aires y en varios de los populosos distritos donde gobierna el oficialismo. Además de poner en riesgo sus chances de balotaje, incluso con una derrota en primera vuelta.

Está claro que al gobierno nacional y sus estrategas, no les importó poner en riesgo el poder territorial ni la futura gobernabilidad con tal de mantener en su puesto a un presidente que fracasó en sus principales consignas preelectorales.

Vale también recordar que entre los vectores esenciales de la polarización se encuentra la  emocionalidad. En nuestro tiempo, el voto tiene un componente mucho más emocional que racional. Este fenómeno no es exclusivamente local, y abundan ejemplos en el mundo, no obstante, en nuestros pagos se exacerba con la dinámica nacional del clásico futbolístico. No somos los únicos que votamos en contra de nuestros propios intereses, aunque el mal de muchos no es consuelo.

Finalmente, saber si Massa va para un lado o para el otro, si Lavagna se olvidó de sacarse las medias o no encuentra los zapatos, enterarnos si el vice es radical o peronista o descubrir cuál es el Fernández más Fernández, no será razón suficiente para modificar las opciones. Aunque nunca lo olvide, usted es el que elije.

Gracias por leer.