(Por Christian Skrilec) El escenario político quedó por demás condicionado. La polarización que empezó a construirse en la elección del 2015, se acentuó en el 2017, y se consolidó en el 2019. Es exagerado hablar de bipartidismo, porque tanto el Frente de Todos y fundamentalmente Juntos por el Cambio,  tienen características de coalición más que de estructuras partidarias tradicionales, sin embargo, estas coaliciones quedaron atrapadas en su estrategia electoral que inevitablemente persistirá en el tiempo, con márgenes casi nulos para disputas internas o aventuras separatistas.

Los más de 10 millones de votos que cosechó Mauricio Macri en el país, más de un 40 por ciento del total, terminaron de cerrar la puerta para que por lo menos, en los próximos dos años,  pueda generarse una tercera fuerza competitiva.

El resultado no fue el esperado, y le sacó las ganas a los gobernadores, intendentes y legisladores radicales de romper con el PRO (especulación con la que jugaban hasta el mismo día de la elección general). Como también disipó la voluntad de Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal de disputarle el liderazgo del PRO a Macri. En este escenario hay “macrismo”.

Pero Juntos por el Cambio no fue el único impactado por el resultado. Las sospechas de una interna en el Frente de Todos están generadas desde su misma conformación. La conjunción de gobernadores, intendentes, sindicalismo, movimientos sociales, PJ, Kirchnerismo La Cámpora, Frente Renovador y otros, puede encontrar denominadores comunes en la vocación de recuperar y ejercer el poder, y en algunos puntos de la que puede ser la gestión del futuro gobierno, pero está claro que no son lo mismo, y que mantienen profundas diferencias de forma y de fondo.

El sostenimiento de Cambiemos, o Juntos por el Cambio, o como se llame en el futuro, sea esa una fuerza que ronde los 30 puntos o supere los 40, los deja a tiro de derrota si alguno saca los pies de ese plato denominado Frente de Todos.

Por otra parte, Consenso Federal ya es una anécdota, y las dos fuerzas de derecha que encabezan Gómez Centurión y José Luis Espert, no tienen más que una esperanza relativa  para las elecciones intermedias. La izquierda, la fuerza política más consecuente y constante a la hora de oponerse a la gestión Macri, no logró plasmarlo en las urnas ni en las bancas, y su estrategia está en revisión.

Monzó, Giacobbe y Pérez

El electo diputado nacional Sebastián García De Luca, exponente del “monzonismo”, amaga con armar un bloque de una docena de diputados en el Congreso Nacional. La duda es si ese  bloque cuyo conductor político será el saliente presidente de la cámara Emilio Monzó, será parte del interbloque de Cambiemos, o será autónomo como para garantizarle el quorum al Frente de Todos. De ser esto último, sólo estaríamos ante una sutileza para disimular el salto. La versión de la salida de Monzó del “macrismo” circula desde finales del 2016, primero rumbo hacia un tercer espacio, luego como un retorno al peronismo.

Mario Giacobbe, diputado bonaerense, rompió el bloque y abandonó a Juntos por el Cambio antes de las elecciones. Por estas horas sumaría a Fabio Britos. Este bloque podría adueñarse de la llave del quorum para el oficialismo en la Legislatura. Giacobbe transcurre la segunda mitad de su segundo mandato y no tiene reelección, y en este marco de polaridad, no hay aspiración política posible fuera de las dos grandes fuerzas electorales. La llave de hoy es el portazo de mañana.

El diputado provincial Fernando Pérez está en danza para sumarse a ese esquema. No obstante, después de su frustrada candidatura a Intendente de Quilmes por Consenso Federal, fue tentado por el mandamás de San Isidro Gustavo Posse para retornar a las filas amarillas; pero además,  recibió ofrecimientos de operadores “massistas” para integrarse al Frente Renovador, y por ende, ser parte de “Todos”. De uno u otro lado, Pérez podrá mantener expectativas a cargos legislativos a corto plazo, pero a su vez, quedará con chances nulas de dar pelea por la Jefatura Comunal en un futuro próximo.

En estos tres casos, se resume la situación a la que se enfrentan los actores políticos que todavía no se alinean a uno de los dos sectores que las elecciones han dejado como dominantes.

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