Es una zona muy pesada. Los lugareños la llaman “Springfield”. Y si bien el nombre suena sano y hasta inofensivo, es sólo una cortina. Una suerte de nueva “Ciudad de Dios”, pero en el Conurbano. Aquella durísima película brasileña que contaba detalles de lo que acontecía dentro de una favela de Río de Janeiro.
La “Springfield” de Bernal, de a poco cambió su fisonomía. Hubo una importante toma de tierras, donde desembarcaron distintas bandas que se disputan el poder por el control de la zona. De noche y día, “soldaditos” deambulan en resguardo de los intereses de sus jefes: en su mayoría Paraguayos y Peruanos, que controlan el lugar y la droga.
Dentro de los límites de “Springfield” solo rige la ley de los tiros, de aquellos que disputan el lugar y la venta de drogas. Límites que de a poco se extienden y llegan a barrios vecinos. Tal es así que horas atrás plena calle de Bernal Oeste fue testigo del asesinato a sangre fría a Fabián Guzmán y a su pequeña hija de dos años. Dos sicarios en una moto le vaciaron dos cargadores a quemarropa y sin mediar palabra.
Los mataron en 193 Bis entre Agustín Pedemonte y Raguchi. A la vista de todos y a plena luz del día, cuando dos hombres armados con pistolas 9 mm le dispararon a quemarropa desde una moto de alta cilindrada. En el barrio nadie duda que detrás de la muerte de Guzmán están los “tranzas” que ya le habían advertido.
La “advertencia” se debe a que Guzmán se desarrollaba como militante social del barrio IAPI, donde trabajaba en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Desde hace algunos años la víctima venía recuperando chicos del flagelo del paco.
Este terrible asesinato al mejor estilo de la Colombia de Escobar pone en conocimiento que es lo que sucede dentro de los límites de esta zona de la que casi nadie habla.
Los pocos lugareños que hablan son precisos: “La Policía sabe lo que pasa, y desde hace tiempo mira para otro lado ante la denuncia de los vecinos”. La primera jurisdicción cae sobre la Comisaría Quinta de La Cañada, con escasisimas entradas por venta de droga.
Otro dato que ya no sorprende a los vecinos es el paisaje de los “soldaditos”, que se mueven noche y día por el lugar haciendo ostentación de la impunidad con la que cuentan. Son chicos muy jóvenes que van armados y con la ‘merca’ en sus riñoneras dispuestas para la venta.
Dicen que llegan a cobrar 800 pesos por turno como contraprestación que además incluye el aviso sobre visitas indeseadas.
Las fuentes le confirmaron a El Suburbano que hay dos grupos bien definidos: Una de las bandas es la de “Los Paraguayos”, quienes se encargan de la venta de paco y marihuana. Estos se mueven por la zona de Zapiola y Camino General Belgrano. Mientras que ‘Los Peruanos’ se dedican a la venta de cocaína, drogas sintéticas y de diseño. Y tienen el control del territorio que da a Montevideo.
El puntos más caliente se da en el predio tomado del Frigorífico Finexcor. Tierras que fueron usurpadas en el 2010 por unas 600 familias, donde entre ellas se esconden pesados delincuentes que aterrorizan a la comunidad desde entonces cada vez con más virulencia.
Todo ese cuadrante, y algo más, es controlado por las distintas bandas delictivas que no quieren perder el poder y el comercio de estupefacientes al ruido de disparos que se escuchan todo el día, principalmente, y con más intensidad, en horas de la madrugada.
Una triste radiografía de un barrio quilmeño que fue mutando. Una dura realidad del barrio más caliente y al que más atención hay que prestar. Parece tarde, ojalá no lo sea…

(Nota publicada en El Suburbano el 25 de febrero de
2016, que acá volvemos a replicar. nada ha cambiado)