Como afecta esta infraeconomia en las asistencias sociales barriales desde la militancia territorial, que rol cumplimos?
Caminamos solo en el sendero del abismo en un salvese quien pueda.
Qué pasa en los comedores y merenderos de nuestros barrios? con algunos ejemplos Quilmes y la zona sur del conurbano:
En los comedores comunitarios y merenderos barriales —el corazón de la resistencia popular en Quilmes y en distritos vecinos de la Tercera Sección como Esteban Echeverría o Avellaneda— la situación ya pasó hace rato el umbral de la alerta. La gente hace fila desde temprano no solo por los pibes, sino familias enteros que se quedaron sin la changa diaria, no hablamos mas de un trabajo formal hace mucho.
En los espacios comunitarios de Quilmes oeste,villa laflorida , Solano o rivera de quilmes, los referentes lo dicen sin anestesia: tuvieron que recortar los días de apertura de los comedores porque la mercadería no llega. Mientras el Gobierno nacional cortó totalmente el envío de secos y las organizaciones sociales se movilizan visibilizando que las ollas están vacías, la demanda se multiplicó exponencialmente. Vecinos y el mismo militante de a pie que antes colaboraban hoy son los que van a buscar el plato de comida, y se suman jubilados y trabajadores fotmales e informales que ya no pueden pagar ni el fideo más barato.
En distritos vecinos de la zona sur pasa exactamente el mismo cuello de botella: los intendentes reconocen que las consultas y las filas en los centros de asistencia se dispararon, intentando parchar con recursos propios un déficit que Nación abandonó por completo. La realidad de los espacios comunitarios es dramática: se estira la comida como se puede, se arman listas de espera y los militantes terminan haciendo magia con lo poco de recursos de aliementos secos que bajan de la Provincia de buenos aires, a eso sumemosle que no hay recursos de alimetos frescos como carne, pollo y pescado, algun yogurt o leche, en el cual contamos con la audacia del compañero o compañera en salir a pedir colaboracion en almacenes de barrios, carniceria y verdulerias, la demanda es mucha, lo sabemos terminamos chocando contra una pared donde la comida no alcanza para todos los que se acercan a las olla populares que se arman en cada barrio día a día.
En los puntos de reflexión, nuestra militancia siempre termina chocando con la misma realidad: ser los bomberos y los asistidores en los barrios más golpeados, esos que se están derrumbaron a pedazos. Habíamos prometido no ser más los meros repartidores de comida, ese asistencialismo que no soluciona nada y llega para quedarse. Sabemos que es difícil organizarse en estos tiempos de cólera, y por ahora seguiremos sosteniendo esta línea porque nos sale de las entrañas y la sabemos de memoria.
Pero no vamos a aflojar: no dejaremos de lado la discusión sobre el trabajo militante territorial que nace desde el barro del barrio. Queremos que esa experiencia real sea, en un futuro cercano, nuestra propia voz de representación. Necesitamos construir un poder político que nos defienda, que nos represente de verdad, para salir todos juntos adelante por una misma lucha, sin mezquindades de aquellos que hoy nos llevaron a este pozo profundo.
Hablamos de los mismos que crearon esta subcrisis y parieron la infraeconomía de los barrios, y que hoy se disfrazan con una capa de héroes inventada por ellos mismos.
Sabemos muy bien que “Superman” nunca pasa por nuestros barrios.
Frente a eso, la respuesta es clara: organización, empatía y lucha. Cueste lo que cueste, el próximo emergente y representante político tiene que ser uno de los nuestros.
Por el Polo Social y Productivo Pedro Coria
