
Durante la reunión, ambos coincidieron en que la Iglesia y la Secretaría pueden trabajar unidas en territorio, en las comunidades y también en los espacios más sensibles como los lugares de detención, donde la vulnerabilidad es extrema y las situaciones de violencia institucional siguen siendo una realidad que requiere asistencia, acompañamiento y prevención.
Uno de los puntos más fuertes del encuentro fue la programación de una visita del Obispo Maxi al ex centro clandestino de detención “El Infierno”, sitio emblemático del horror de la última dictadura militar. La visita, acordaron, será un gesto necesario de memoria, verdad y compromiso activo con quienes sufrieron, y con quienes aún sufren vulneraciones hoy.
Además, se conversó sobre la posibilidad de capacitar en derechos humanos a distintos grupos juveniles, entendiendo que la formación es esencial para construir una sociedad más consciente, crítica y solidaria.
Yacoy y Margni coincidieron: defender los derechos humanos no es solo un deber institucional, sino una tarea cotidiana en los barrios, en la pastoral, en las escuelas, en los centros comunitarios y en el acompañamiento real a víctimas de aprietes, atropellos y todo tipo de violencia.