Por Ezequiel Arauz, concejal FP

En las últimas elecciones presidenciales, la tendencia marcaba que dos grandes ofertas electorales —genéricamente una liberal y otra peronista— concentraban la gran mayoría de los sufragios. Con matices, las duplas Scioli-Macri, Fernández-Macri y Milei-Massa expresaron a su tiempo esa polarización. Sin embargo, la irrupción de Javier Milei no fue una más: su ascenso acelerado casi desde la nada, fue consecuencia de una crisis de representación que aún permanece abierta y generando situaciones pocos previsibles.

A casi dos años y medio de iniciada su presidencia, ningún espacio cuenta hoy con figuras aglutinantes que logren anular la competencia interna; por el contrario, lo que predomina es el internismo y la fragmentación. Si, como se rumorea, progresa la idea de eliminar las PASO nacionales, es muy probable que las disputas se diriman directamente en la elección general, un escenario donde hoy nadie puede proyectar una victoria final. Lo que estará en juego, entonces, es determinar qué binomio logra ingresar al balotaje y cuanto junta cada cual en la primera vuelta con vistas a la hoy inevitable segunda.

Este escenario es sumamente actual. Es evidente que Milei, al calor de las serias dificultades económicas y los casos de corrupción, atraviesa un fuerte desgaste social. No obstante, todavía no se observa un trasvase claro de sus votos hacia otra figura o espacio político. En este contexto, y con Patricia Bullrich a la cabeza, comienzan a aparecer opciones de recambio "por dentro". La incipiente pero sostenida revitalización del PRO y de Mauricio Macri responde a esa misma lógica, mientras que el radicalismo —balcanizado y carente de figuras propias— dialoga y espera a que todo sea más claro.

Mirando hacia el peronismo, me gustaría decir algo distinto (y hay compañeros más optimistas al respecto), pero no se percibe que los votos que pierde Milei migren al peronismo de forma automática. En nuestro frente, la disputa está abierta y tiene su centro en la provincia de Buenos Aires: Axel Kicillof construye su proyecto presidencial en medio de un desacuerdo con Cristina Kirchner, quien sigue siendo una figura de peso inocultable pese a su injusta detención y la proscripción impuesta por el Poder Judicial. Esta interna está latente y hoy parece tan probable una unidad forzada sobre el final —similar a las de los últimos turnos electorales— como una ruptura abierta donde decidan los votos. En lo provincial, además de Paso si Paso no, resta resolver varias cuestiones importantes como la posibilidad de ree reeleción de intendentes o no.

El resto del peronismo, apodado peronismo de los gobernadores o peronismo del interior, no tiene hoy figuras que se recorten: Zamora, Llaryora, Quintela, Uñac, son solo algunos de los nombres de un abanico difícil de ubicar y delimitar hoy, por dentro y por fuera, más cercanos al kirchnerismo o por la aspiracional vereda del medio. Otros nombres relevantes son el de Sergio Massa, Juan Grabois, Máximo Kirchner, Guillermo Moreno o Miguel Pichetto que, con discursos y/o agrupamientos de (distinto) peso, pugnan por ubicarse en la vanguardia de los armados.

Bregman, Gebel, Brito y hasta Daniel Hadad son por su parte figuras que, con mayor o menor seriedad, se lanzan (o son lanzados) a una carrera en la que, sin PASO, cualquier figura parece despertar expectativas medianamente razonables. Y cuanto más outsider sea la propuesta parece ser mejor. En definitiva, aunque falta mucho y el partido se está jugando, si no existen las PASO o un mecanismo similar para dirimir internas, avanzamos al riesgo de un sistema electoral sumamente fragmentado de cara a las generales de 2027.