Padre Obispo Carlos José Tissera encabezó el tedeum interreligioso celebrado el lunes 25 de mayo en la Iglesia Catedral de Quilmes, en el marco del 216º aniversario de la Revolución de Mayo. Teto Completo.

HOMILIA EN EL TEDEUM DEL 25 DE MAYO DE 2026

Catedral de Quilmes

Hermanas y hermanos:

Estamos reunidos en este templo histórico del sur de Buenos Aires, testigo de tantos momentos de la historia argentina, celebrando los 216 años de la Revolución de Mayo, que estableció el primer gobierno patrio.

¿Qué es un Te Deum? Es un himno de acción de gracias a Dios. Sus primeras palabras en latín son “Te Deum laudamus” (A ti, Dios, te alabamos). Un himno litúrgico que se remonta al siglo IV, y la tradición lo atribuye a San Ambrosio y a San Agustín. En nuestra Latinoamérica se lo canta o reza en las fechas patrias, para dar gracias a Dios por las grandes gestas que se encuentran en los inicios de nuestros pueblos libres, por los beneficios recibidos y por las vidas entregadas por el bien común de nuestras naciones.

La Palabra de Dios se hace presente para provocar nuestra escucha y nuestro diálogo interior con el Señor de la historia.

El Evangelio de San Lucas hoy nos presenta a Jesús entrando a la próspera ciudad de Jericó, ciudad de descanso del rey, famosa por sus oasis y palmeras. Allí vivía Zaqueo, el jefe de los publicanos (cobradores de impuestos del imperio). Quería ver a Jesús. Su interés lo lleva a treparse a un árbol sin vergüenza alguna. La presencia de Jesús había impactado en la parte buena del corazón de Zaqueo; eso le permitió ver en el Señor, no un enemigo peligroso como lo consideraban los fariseos, sino como un verdadero liberador.

Dios pasa por la historia de nuestra Patria. Lo reconocieron aquellos hombres de Mayo y supieron acudir a Él con confianza. El 25 de mayo de 1810, tras consolidar la Junta, sus miembros concurrieron a la Catedral de Buenos Aires para participar de un solemne Te Deum. Antes, al asumir sus cargos, los integrantes de la Primera Junta prestaron juramento. El presidente Cornelio Saavedra lo hizo "hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios". El sacerdote Manuel Alberti, párroco de la iglesia San Nicolás de Bari, apoyó activamente el proceso revolucionario y contribuyó desde los escritos en el periódico La Gazeta de Buenos Ayres. Los hombres y mujeres de Mayo y los que llevaron los aires de revolución a toda nuestra tierra, aún más allá de los Andes, abonaban sus convicciones en la fe. Nos consta el fervor cristiano del General Manuel Belgrano y, también, de nuestro prócer máximo, el General José de San Martín. Nuestro Padre Obispo Jorge Novak, en el año 2000, publicó una carta titulada: “El General Don José de San Martín, patriota y creyente”. Comienza diciendo: “En las máximas que dictó el General Don José de San Martín para su hija Mercedes leemos: «Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira… Estimular en Mercedes la caridad con los pobres… Dulzura con los criados, pobres y viejos… Inspirarle amor por la patria y por la libertad» En estos principios pedagógicos descubrimos la preocupación de educar para la convivencia social respetuosa y pacífica”.

Continúa el Padre Obispo Novak diciendo: “La patria es expresión del bien común, ´el conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno, más fácil de la propia perfección´ (GS 26). A los que convivimos en el marco de un territorio reconocido como propio por las demás naciones, compartiendo la misma historia e idénticos ideales de bienestar y de grandeza moral, nos urge el sagrado deber de forjar siempre de nuevo la patria amada”.

“Son imprescindibles hombres y mujeres que alienten con su memoria este servicio diario y anónimo. La misma Biblia nos orienta en esta visión, invitándonos a recorrer la galería de personajes famosos y beneméritos de la historia sagrada. Legítimamente podemos apropiarnos la invitación: ´Elogiemos a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza. El Señor colmó de gloria, manifestó su grandeza desde tiempos remotos… Guiaron al pueblo con sus consejos, con su inteligencia para instruirlos y con las sabias palabras de su enseñanza… Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre sobrevive a través de las generaciones´ (Eco. 44, 1-2.4.14)

Sigue el Padre Obispo Jorge: “El General San Martín es nuestro prócer máximo, por su concepción de una patria de hermanos sin enfrentamientos sangrientos. Esta concepción no se expresó en discursos altisonantes, sino que se demostró en un servicio constante, heroico, libre de toda ambición humana y de todo interés egoísta”.

“La dimensión de este servicio patrio se concretó en nuestra Argentina, pero el Libertador abrazó con igual intensidad la causa de la libertad de otros países hermanos. Por eso merece figurar, con luz propia, junto con otros próceres latinoamericanos. Es importante recalcar esta singularidad sanmartiniana en una hora histórica de enorme trascendencia para nuestra América Latina”. “La ejemplaridad ciudadana del Libertador alcanza alturas inconmensurables en su reiterado retiro del escenario en que había sido protagonista victorioso y admirado. Quienes quieran mostrar su cualidad edificante en el servicio que la función pública les hace asumir, tendrán que verse en el espejo de este hombre grande y humilde que fue San Martín”. (Jorge Novak. “El General Don José de San Martín, patriota y creyente”. Quilmes, 12 de julio de 2000)

El Evangelio nos muestra a Jesús entrando en Jericó seguido por la multitud del pueblo. Ese Jesús pasa por la historia de nuestra Patria, hablándonos también en la vida de esos hombres y mujeres que nos forjaron esta Nación. La Biblia ha sido su inspiración y nos dieron ejemplos de verdadero amor a los demás, de heroicidad al servicio de la causa por la justicia y la paz. Hombres y mujeres que tuvieron sensibilidad por los más frágiles y desposeídos, por los explotados y descartados por la ambición de unos pocos que se creyeron dueños de los pueblos. Jesús sigue pasando por nuestra historia, haciendo sonar la alegría del Evangelio, despertando la esperanza en los pobres, las ansias de justicia y de verdad en los corazones sencillos.

El Padre Obispo Jorge Novak en aquel recordado año 2000, en el que explotó por todos los bordes sociales la injusticia de un proyecto empobrecedor y engañoso, quiso mostrar a nuestra Diócesis de Quilmes la vida de un hombre, de un ciudadano ejemplar: el General José de San Martín. Pasa que, cuando las oscuridades se ciernen en la vida de nuestro pueblo, es necesario levantar en alto estas antorchas vivas que son las personas ejemplares que se jugaron por su gente, los próceres, no de mármol, sino los próceres de corazón humano que tuvieron sensibilidad para interpretar los verdaderos sueños, y compadecerse con los dolores y sufrimientos de sus conciudadanos, Para eso son las fiestas patrias, para hacer memoria agradecida y para desempolvar las historias de los libros, y hacer brillar esas mujeres y hombres como estrellas en el firmamento, para seguir caminando con alegría; porque sus ejemplos nos templan el corazón y nos comprometen a forjar la Patria cada día en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo, en nuestras escuelas y universidades, en nuestras fuerzas armadas al servicio del pueblo, en las instituciones públicas y de gobierno.

Cuando ciertas dirigencias traicionan los sueños y proyectos de los pueblos, qué bien nos hace ir a las raíces de la Patria y dejarnos enardecer el corazón recordando y valorando las vidas de esas mujeres y hombres valientes y generosos.

Celebrar este aniversario patrio nos compromete a construir nuestra Nación. El ejemplo de aquellos revolucionarios nos anima a unirnos en la consecución del bien común. Nadie se salva solo. “Todos estamos en la misma barca”. En la Encíclica Fratelli Tutti, el Papa Francisco nos dice:

“Un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en «el campo de la más amplia caridad, la caridad política». Se trata de avanzar hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Una vez más convoco a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (FT 180)

Sabemos que Dios camina con nosotros, pero a veces no lo vemos, parece que lo hemos perdido. No lo alcanzamos a ver.

En el “Te Deum” del 25 de mayo de 2002, el cardenal Jorge Bergoglio comentando en su homilía el evangelio de hoy, decía:

“Zaqueo no optó por la resignación frente a sus dificultades, no cedió su oportunidad a la impotencia, se adelantó, buscó la altura desde donde ver mejor, y se dejó mirar por El Señor . Sí, dejarse mirar por el Señor, dejarse impactar por el dolor propio y el de los demás; dejar que el fracaso y la pobreza nos quiten los prejuicios, los ideologismos, las modas que insensibilizan, y que –de ese modo- podamos sentir el llamado: “Zaqueo baja pronto”. Esta es la segunda clave de este pasaje evangélico: Zaqueo responde a un Jesús que lo llama a abajarse. Bajarse de sus autosuficiencias, bajarse del personaje inventado por su riqueza, bajarse de la trampa montada sobre sus pobres complejos. En efecto, ninguna altura espiritual, ningún proyecto de grandes esperanzas, puede hacerse real si no se construye y se sostiene desde abajo: desde el abajamiento de los propios intereses, desde el abajamiento al trabajo paciente y cotidiano que aniquila toda soberbia.

Que no sigamos revolcándonos en el triste espectáculo de quienes ya no saben cómo mentir y contradecirse para mantener sus privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancia mal habidas, mientras perdemos nuestras oportunidades históricas, y nos encerramos en un callejón sin salida. Como Zaqueo hay que animarse a sentir el llamado a bajar: bajar al trabajo paciente y constante, sin pretensiones posesivas sino con la urgencia de la solidaridad.

Lo mejor es dejar que el Zaqueo que hay dentro de cada uno de nosotros se deje mirar por el Señor, y acepte la invitación a bajar. Este llamado del Evangelio es memoria y camino de esperanza. Aquel que busca y se deja alcanzar por lo sublime da lugar a una alegría nueva, a una posibilidad de redención. Y Zaqueo se redime, accede alegre a la invitación del único que nos puede reconciliar, Dios mismo. Accede a sentarse a la mesa de todos, a la mesa de la amistad social.

No es el momento de tener miedo y vergüenza de nosotros mismos; todos somos un poco Zaqueo, y todos tenemos enormes talentos y valores.

Como en el llamado evangélico, en numerosas oportunidades nos hemos dejado visitar por Dios. Allí lo grande y sublime ha surgido de nosotros. Hay en toda la sociedad un anhelo ya propuesto, insoslayable, de participar y controlar su propia representación, como aquel día que hoy rememoramos en que la comuna se constituyó en Cabildo.

Además del subirse para ver a Jesús y abajarse luego para seguir su invitación, hay una tercera clave en el texto evangélico: el dar, el darse reparando el mal cometido. Zaqueo se anima a devolver lo mal habido y a compartir.

Sabemos bien que este pueblo podrá aceptar humillaciones, pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de millones de hermanos con hambre y con la dignidad pisoteada.

La historia nos dice que muchos pueblos se levantaron de sus ruinas y abandonaron sus ruindades como Zaqueo. Hay que dar lugar al tiempo y a la constancia organizativa y creadora, apelar menos al reclamo estéril, a las ilusiones y promesas, y dedicarnos a la acción firme y perseverante. Por este camino florece la esperanza, esa esperanza que no defrauda porque es regalo de Dios al corazón de nuestro pueblo.

Es hora de organizar la esperanza.

El camino es sencillo: sólo debemos volver al Evangelio, dejarnos mirar como Zaqueo, escuchar el llamado a la tarea común, no disfrazar nuestros límites sino aceptar la alegría de compartir, antes que la inquietud del acaparar. Y entonces sí que escucharemos, dirigida a nuestra Patria, la palabra del Señor: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa … porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19: 10) (Cardenal Jorge Bergoglio. Homilía del Te Deum del 25 de mayo de 2002)

En este servicio que la Iglesia y el Evangelio hacen a la humanidad, en este momento de la historia queremos unirnos al Papa León XIV en su constante y persistente llamado a la paz.

Hace apenas unas horas el Papa ha dado a todo el mundo su primera Carta Encíclica titulada “Magnifica Humanitas”, sobre el cuidado de la persona humana en tiempos de la Inteligencia Artificial. Este documento nos ayudará a comprender cómo afrontar la transición digital en curso, obteniendo del tesoro de sabiduría de la Iglesia las herramientas necesarias para interpretar el momento presente, con el propósito de cumplir nuestra tarea común de custodiar y hacer florecer la magnífica humanidad que nos ha sido dada como don.

Que la Virgen Inmaculada, Patrona de Quilmes, nos ayude a ser humildes servidores de la Patria.

 

+ Carlos José Tissera

Obispo de Quilmes