El relato que interpela
Durante una de las tantas entrevistas que mantengo a diario, escuché la historia de un chico del barrio. Su vida, marcada por el sufrimiento y la adversidad, contrastaba con el enorme compromiso de su madre. Su relato, básico pero potente, me emocionó profundamente y me dejó una pregunta flotando en el aire: ¿quién soy yo dentro de esa historia?
A medida que ella exponía los obstáculos de su hijo, se hacía evidente el vacío. Aparecieron las preguntas difíciles sobre el entorno: ¿dónde está la familia, la red, la comunidad, el Estado? Involucrarse con las dificultades de aprendizaje parece una tarea llena de manuales y teorías. Sin embargo, el contacto directo con la realidad exhibe la falta de red; aparecen las esquirlas de una explosión y nadie sabe cuándo ni cómo sucedió.
El saber frente a la incertidumbre
Como profesional de la Psicopedagogía, me encontré en esa misma incertidumbre. Frente a los miedos de una madre y las dudas sobre el futuro de su hijo, las expectativas suelen ser pronósticos inciertos. Muchas veces nos descubrimos poniendo en juego nuestro saber, pero también nuestra propia historia.
Quienes elegimos esta profesión entendemos que somos parte de un proceso complejo y desafiante que no termina en nosotros. Los años me han demostrado que la permanencia, la reciprocidad y el deseo patean el tablero de las teorías.
Con pausas, pero con convicción, se puede avanzar.
Escuchar lo que no se dice
En el consultorio, el chico dibuja un corazón rasgado y coloreado. No dice cómo se siente, pero lo dice todo. Al final del encuentro, se van. ¿Se van? Las preguntas me acompañan durante semanas. Nuestro trabajo es convertir ese acercamiento en acciones posibles, dándole sentido a sus intereses, sus dibujos y a sus silencios. Esto también es hacer psicopedagogía: sostener cuando la red social y estatal falla.
Por Vanina Modugno
Lic. en Psicopedagogía — Matrícula 258738
Espacio Cerezo
www.espaciocerezo.com.a