¿Qué sucede cuando llega una pregunta y en ella hay un pesar? ¿Qué nos sucede cuando la carga emocional ebulle, se exhibe y espera condensarse? Durante mucho tiempo atendí consultas y demandas en espacios poco "contenedores": cocinas, bancos de
iglesia, una estación de servicio o en la calle, debajo de un ombú.

En esos contextos, mi energía se disponía a estar alerta al entorno y a los riesgos del lugar. Buscaba que lo que se me decía tuviera algo de privacidad y, al mismo tiempo, intentaba que mis pensamientos pudieran articular cada palabra para atender la demanda. El nivel de energía que se maneja en esos momentos es tan alto que, luego de varias charlas, el cuerpo se llena de un nivel de estrés que termina por volverse crónico.

Hoy en día, el trabajo y las nuevas prácticas parecen bifurcarse. Cuando diversas complejidades se presentan ante un profesional de la salud mental, especialmente en la situación económica actual —marcada por la crisis de empleo, el desempleo, las horas extras o el pluriempleo-, una se encuentra realizando funciones que se combinan como quien mezcla colores en acuarelas.

En este escenario, pensar y sentir suele calar hondo ante cada situación que se nos presenta. Al respecto, el célebre psiquiatra Carl Jung, en su obra clásica Tipos psicológicos, refirió que las funciones psíquicas básicas son cuatro: pensar, sentir, percibir e intuir. Para el autor, existe además una quinta "función trascendente", definida como la capacidad de combinar alquímicamente las anteriores.

Lejos me encuentro yo de ser una alquimista, al menos no de manera consciente. Sin embargo, ¿quién podría negar que el encuentro con pacientes y consultantes nos exige esa alquimia? Pensar una intervención, sentir alegría o frustración ante los avances y obstáculos dentro del consultorio o en un banco de iglesia, percibir e intuir las devoluciones que se nos brindan aún debajo del ombú; todo encuadraría perfectamente en esa definición.

Aún así, este ejercicio profesional diario no es inocuo. Tal como señala el especialista Christophe Dejours en su investigación Trabajo y desgaste mental, la relación entre el empleo y las patologías que de él derivan ha cambiado. Según Dejours, la clínica psicopatológica actual ha dado paso a una "clínica del desempleo, de la precariedad y a la aparición de nuevas patologías mentales profesionales". El desgaste de quienes sostienen el dolor ajeno en contextos hostiles es la prueba de esta transformación.

Esto me lleva a pensar que no sólo se pone en juego nuestra historia y aquellos saberes que exceden la teoría. No abundan las certezas. Reconstruir-se, ser en espejo con otros profesionales puede ser el verdadero sostén, la salida. Las lógicas individualistas y fragmentadas nos obligan a tejer el lazo para que se nos devuelva algo de amparo.

Por Vanina Modugno
Lic. en Psicopedagogía -Matricula 258738
Espacio Cerezo
www.espaciocerezo.com.ar