El Secretario General del Sindicato Unificado de Municipales de Avellaneda dejó sentada su firme posición frente al proyecto de reforma laboral que se debate en el Congreso Nacional.

Desde el lugar que ocupamos todos los días —en el corralón, en la calle, en la oficina, en el hospital, en la escuela— sabemos que ninguna reforma laboral es “técnica” ni “neutral”. Siempre define de qué lado se para el poder: si del trabajo o del capital. Y hoy, en la Argentina, el proyecto de reforma laboral vuelve a poner en riesgo conquistas históricas que costaron décadas de lucha, organización y hasta la vida de muchos compañeros y compañeras.

No hablamos en abstracto. Hablamos de la flexibilización que busca debilitar la estabilidad laboral, de la facilitación de despidos, del intento de vaciar las indemnizaciones, de la precarización disfrazada de “modernización”, de la presión para fragmentar la negociación colectiva y del avance sobre la organización sindical. Cada uno de estos puntos golpea directo en el corazón de la dignidad del trabajador: el derecho a un empleo con derechos, a un salario justo, a condiciones laborales humanas y a la protección frente al abuso.

Por eso las movilizaciones que se vienen dando en todo el país no son un capricho ni una consigna vacía. Son la expresión viva de un pueblo trabajador que no está dispuesto a retroceder. En cada marcha, en cada asamblea, en cada bandera levantada, late una verdad simple: sin derechos no hay justicia social, y sin trabajadores organizados no hay democracia real.

“Cada derecho laboral que se pierde es un paso atrás para toda la sociedad, no solo para los trabajadores”, dijo el compañero Hugo Yasky, y advirtió que “cuando intentan dividirnos o debilitarnos, la respuesta debe ser más unidad, más organización y más lucha colectiva.” No son solo palabras: es una hoja de ruta.

Sabemos que el momento es difícil. Aprietan el bolsillo, amenazan con el miedo, intentan instalar que la salida es resignar derechos. Pero la historia del movimiento obrero argentino demuestra lo contrario: cuando el pueblo trabajador se une, resiste y avanza.

Hoy más que nunca necesitamos reunirnos, hablar. Multiplicar las asambleas en cada lugar de trabajo. Fortalecer los cuerpos de delegados y la participación de las bases. Construir unidad entre sindicatos, movimientos sociales y organizaciones populares. Informar y debatir para que ningún trabajador crea que esta reforma lo va a beneficiar.Sostener la movilización pacífica, firme y masiva en las calles.

No alcanza con resistir: hay que proponer. Queremos trabajo digno, producción con justicia social, distribución equitativa de la riqueza, paritarias libres, protección del empleo y un Estado que cuide a su pueblo y no que lo entregue.

Compañeras y compañeros: no nos derrotaron antes, no lo van a hacer ahora. En cada fábrica, en cada municipio, en cada barrio, hay una fuerza enorme dispuesta a organizarse. Transformemos la bronca en participación, el miedo en solidaridad y la incertidumbre en lucha colectiva.

La historia no la escriben los poderosos: la escriben los pueblos cuando se ponen de pie. Y el movimiento trabajador argentino, una vez más, está llamado a levantarse, unirse y defender lo que es suyo. Porque nuestros derechos no se negocian: se defienden.

Daniel Aversa

Secretario General de SUMA