En una charla profunda sobre la dignidad en el sector más postergado del mercado laboral, Fabio González, dirigente de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), pone el foco en una demanda que suele quedar fuera de la agenda política tradicional: el derecho al tiempo libre, al descanso y al esparcimiento de las familias trabajadoras.

Fabio, solemos hablar de la economía popular desde la falta de ingresos o la precariedad habitacional. ¿Por qué hoy la UTEP pone sobre la mesa el derecho al esparcimiento?

Fabio González enfatizzó que "parece que para el sistema solo somos brazos para producir o números en una estadística de pobreza. El sistema nos quiere deprimidos y deshumanizados, encerrados en la lucha diaria por el mango. Pero nosotros decimos basta: los trabajadores de la economía popular tienen el derecho de tener un espacio para disfrutar junto a sus familias como todo trabajador. El descanso no es un lujo, es una necesidad humana".

  • ¿Sentís que hay una mirada social que juzga al trabajador humilde cuando intenta vacacionar o disfrutar de un momento de ocio?
  • Fabio González: Totalmente. Hay una estigmatización muy fuerte. Parece que si sos un trabajador cartonero, una costurera o alguien que mantiene un comedor, tu único destino es el sacrificio eterno. Nosotros reivindicamos el derecho al esparcimiento, al sol, a un club, a una tarde en familia sin la angustia de no llegar a fin de mes. Humanizar el trabajo también es garantizar que ese trabajador pueda volver a su casa y disfrutar de sus hijos.
  • ¿Cómo se traduce esta lucha en acciones concretas desde la organización?
  • Fabio González: Trabajamos para que los espacios comunitarios no sean solo lugares de asistencia, sino centros de vida. Buscamos convenios, impulsamos el turismo social y la creación de predios donde nuestros compañeros puedan sentirse dueños de su tiempo. La economía popular no es solo sobrevivir, es construir una vida que valga la pena ser vivida. Un trabajador que descansa y disfruta con su familia es un trabajador que lucha con más fuerza.

El enemigo nos quiere tristes, resignados, con valores como personalistas, consumistas, sin empatía ni solidaridad pero le contestamos con comunidad organizada y Resistencia